Nostradamus predijo que moriría el Duque de ‘Sin tetas no hay paraíso’
Otra tragedia que podría haberse evitado

Demasiado tarde, una vez más, nos damos cuenta de que los grandes giros de la historia podrían haberse previsto, de haber escuchado al siempre tan efectivo como ignorado profeta Nostradamus. Él vaticinó el ataque a las torres gemelas. Él predijo el atentado contra Juan Pablo II. Y con la misma eficiencia, como un regalo a los sordos oídos de los llamados sabios del siglo veintiuno, Nostradamus predijo el final de la segunda temporada de Sin tetas no hay paraíso.
Don Ernesto Rickenbacker, parapsicólogo y parapléjico (esto último en su tiempo libre), ha desentrañado las páginas de la revelación. El pasaje es de una claridad cristalina: «En el mes de la alondra del vigésimo año después de la gran sequía, un rey de cenizas blancas nacerá y los nobles lanzarán salvas al aire.» Para quien tenga dudas, Rickenbacker interpreta el texto de este modo: «El mes de la alondra es enero, como todo el mundo sabe, porque en enero las alondras hacen nido en el sur, y el año de la gran sequía fue 1989, cuando retiraron la Cherry Coke de los supermercados, cosa que yo lamenté mucho personalmente porque a mí me gustaba; el vigésimo año después de ese, es este. Lo demás salta a la vista: un rey y un duque son casi lo mismo; lo de las cenizas blancas es una alusión al narcotráfico; donde dice ‘nacerá’ querrá decir ‘morirá’, pero será un error de imprenta; y los que lanzan salvas al aire son los ejecutivos de Telecinco, que se están matando a pajas desde que vieron el share que tuvo el episodio.»
El óbito del Duque ha causado una gran conmoción que podría haberse evitado. Los seguidores de Nostradamus de todo el mundo —la mayoría señores con barba y sin domicilio fijo aficionados a pasear con los objetos más peregrinos por sombrero— se mostraron particularmente indignados al exigir respeto a la comunidad científica, que les ignora: «Déjense de cambios climáticos y ciclos de crisis que no interesan a nadie, y céntrense en interpretar las señales» les grita Rickenbacker, que ya está buscando en los textos del profeta alguna referencia al final de Perdidos: «Si es tan traumático como este, la humanidad podría no superar el shock.»