De la serie El Jueves Investiga: ‘¿Qué fue de...?’
Padre Mundina: «Las plantas nos oyen... Créame: si aprecia su salud, no se pondrá usted en su contra»

Vicente Mundina Balaguer, «el padre de las plantas», destilaba consejos, amor y polen en sus apariciones en distintos programas de televisión a principios de los ochenta, ganándose nuestro corazón por su entrañable ternura y porque en aquella época tampoco se podía cambiar de canal, así que más valía estar bien dispuesto. Cuando acudimos a entrevistarle a su casa en las afueras de Villarreal, temíamos encontrar un clérigo ya un tanto gagá, atrincherado en su síndrome de Diógenes, rodeado de gatos como las viejas locas que salen en España Directo. Nada que ver con el caballero que nos ha recibido: el Padre Mundina conserva una lucidez envidiable, y mantiene la mente en forma gracias a sus estudios de botánica. Eso sí: donde dijimos gatos, imaginen plantas. Para que se hagan una idea: ¿saben cómo acababa la casa de Jumanji al final de la película? Pues así es la sala de estar del Padre Mundina: el follaje cubre los muebles, plantas trepadoras invaden las paredes, gruesas raíces surcan el suelo bajo las alfombras y enormes flores exóticas parecen girar sobre sus tallos, siguiéndonos con la mirada. «Ya decía yo que las plantas tienen mucha más conciencia de la que creemos», nos alecciona el simpático cura, sentado en su butaca a la sombra de un baobab, desde donde nos ilumina con su eterna sonrisa.
Desde los ochenta, el Padre Mundina ha seguido entregado a la investigación, centrada en los lazos intelectuales entre humanos y una hipotética mente colectiva del reino vegetal. Y ha hecho progresos: a una orden suya, una planta a su derecha extiende un largo tallo flexible y le alarga el bloc de notas que previamente ha tomado del escritorio con sus hojas prensiles. «Humildemente, creo haber hecho algún progreso, con la ayuda del Señor, en el estudio del lenguaje químico de las plantas.» En efecto, todos recordamos las lecciones televisivas del Padre: quien habla con cariño a las plantas es siempre correspondido. «Líbreme Dios del pecado de la vanidad», insiste el Padre Mundina, siempre modesto, «pero creo que contribuciones como esta siembran el camino a una cooperación entre humanos y plantas que puede favorecer a ambas partes. Un simple connaisseur como yo, que trabajara por ganarse el afecto de los vegetales, podría hacer más fértil un huerto, reforestar un yermo, o incluso, quién sabe, crear un ejército entero, de poderosos árboles y sigilosas esporas y dominar el mundo. Algo que jamás se me ha pasado por la cabeza, naturalmente.»
De regreso a la redacción de El Jueves, hemos tirado el ficus por el balcón. Por si acaso.

La casa del Padre Mundina, en las afueras de Villarreal. "En invierno, ya se sabe, el jardín está un poco más mustio", se excusa el Padre.