Al entrar en el armario de las escobas de la Casa Blanca
Obama encuentra las armas de destrucción masiva
Aznar, que en 2003 aseguró que estaban en Iraq, esquiva a la prensa e insiste en que le confundimos con otra persona

Envueltas en un paquete de papel marrón, atadas con un cordelito, con el franqueo en una esquina y una pegatina de la oficina de correos de Bagdad: «Dirección imprecisa; especifique.» De esta guisa halló Barack Obama, olvidadas en un rincón de la Casa Blanca, las famosas armas de destrucción masiva que supuestamente obraban en poder de Saddam, según George Bush Jr. y sus acólitos, y justificaban la guerra de Iraq ante una opinión popular, cuando menos, reticente. Bush no mentía al afirmar que las armas se encontraban en Iraq: las había enviado él mismo, pero ignoraba que los de correos le devolvieron el paquete.
Los libros de historia pueden culpar del millón de muertos a una hilarante cadena de errores humanos: el presidente Bush, que escribió malamente la dirección del envío (aparentemente, interpretó que los caracteres del abjad árabe como una sucesión de dibujitos decorativos, que copió con más voluntad que acierto); los servicios de correos, que devolvieron el paquete a Washington cuando la guerra ya había empezado; y el mismo personal de la Casa Blanca, que traspapeló el bulto hasta ayer, cuando Obama lo encontró de casualidad mientras buscaba un rollo de papel higiénico.
Interrogado por la anécdota, el expresidente español José María Aznar, que en 2003 hizo célebre aquella declaración de “puede usted estar seguro de que Iraq tiene armas de destrucción masiva”, y en 2007 negó haber dicho tal cosa, ha declarado hoy que él jamás respaldó la ocupación de Iraq, que nunca fue presidente del gobierno, que se llama Loli y que no sabe de qué va nada de esto. Hechas estas declaraciones, huyó de los periodistas tan rápido como le permitían los tacones, sujetándose una peluca rubia de carnaval y los tirantes del vestido floreado mientras los albañiles de las obras vecinas la cubrían de propuestas obscenas y certeros ladrillazos a la cabeza.
