Comer judías se considera actitud antisemita
Israel está de un susceptible que asusta

«El antisemitismo no ha muerto en Cataluña», comunicó a José Montilla un portavoz de la comunidad judía, poco antes del acto institucional en memoria del Holocausto, informaron medios autonómicos. Muchos judíos españoles se sienten ofendidos por las protestas populares contra la estrategia de Israel para erradicar a Hamás, táctica menos cercana a la precisión quirúrgica que a quitarse las legañas con un sacacorchos.
«En prensa, en propaganda, incluso en pancartas, no hago más que leer críticas a Israel: “Israel, asesinos”, “Israel, genocidas”, “Israel, mirad de matar un poco menos”... ¡Basta de odio!», clama Simón Wilzberg, de la sinagoga de Mataró. «¡Es como si volviéramos a estar en la Alemania nazi!»
Los políticos españoles, presionados por los lobbies judíos (hoy son pocos, pero muy bien colocados), se apresuran a calmar los ánimos tomando medidas para frenar cualquier brote de antisemitismo. De momento, a partir de ahora no hay muertos civiles palestinos, sino «daños colaterales» (¿les suena?) y la devastación de la franja de Gaza es una «remodelación urbanística». No se puede criticar en público al gobierno ni al ejército de Israel, hay que saludar la bandera al pasar por el consulado israelí, los rabinos tienen derecho a colarse en el supermercado y queda prohibido comer judías, porque el nombre de esta legumbre ofende al judaísmo.
Mientras la tregua da paso a más violencia en la franja de Gaza, la comunidad internacional prefiere no terciar en el asunto. Tzipi Livni, ministra de exteriores israelí, está a la que salta: «¡Claro, seguro que hay maneras de acabar con Hamás sin aniquilar a todos esos perros palestinos, pero somos tan cortitos que no nos hemos dado cuenta, ¿verdad? ¿Les parece que los judíos somos tontos? ¡Antisemitas! ¡Antisemitas!» El Jueves, acatando esta doctrina, tampoco emitirá juicios. Sí, lo fácil sería decir groserías como «Olmert, podrías meterte las bombas de fósforo blanco por el esfínter, cabrón». Pero no las diremos.