Las pirámides mayas fueron construidas por los extraterrestres... ¡como apartahoteles!
La Riviera Maya fue el primer ‘resort’ especulativo de la historia

Que los supuestos dioses adorados por los mayas eran en realidad alienígenas llegados en sus platillos, siglos antes de la colonización, es algo que ya queda fuera de debate. (A quien le quepa alguna duda, basta con que lea aquel álbum de Tintín, Vuelo 714 para Sidney.) Que los mayas no podrían haber edificado sus mayores obras sin ayuda externa es igualmente innegable. Lo que acaba de descubrirse y traerá no poca polémica es que los alienígenas no prestaron su ayuda desinteresadamente: esos edificios formaban parte de un complejo turístico transgaláctico levantado sólo para su disfrute.
Debemos el descubrimiento a Heinrich Grossenwanker, ocultista aficionado que tuvo ocasión de visitar las ruinas de Chichen Itza y se perdió en una pirámide, de la que tardó en salir dos semanas. Al cabo de este lapso, y después de devorar las existencias de un vendedor de nachos con guacamole, reveló al mundo (es decir, al vendedor de nachos, a su mula y a una docena de guiris que triscaban por allí) su descubrimiento: en lo más profundo del templo de Kukulkan pueden verse celdas altas y estrechas que, dadas la altura y delgadez constatadas de la raza alienígena, podrían servir de residencia a toda una familia. «¡Eso convertiría el templo en un apartahotel!», afirma Grossenwanker, que por si necesitamos más indicios nos muestra fotos de lo que él interpreta como un mueble bar dentro de una de las celdas y una máquina de refrescos en el vestíbulo, todo ello fosilizado por siglos de desatención. A partir de aquí, bastan unas nociones de arqueología y una pizca de imaginación para ver el Templo de los Guerreros como un polideportivo y el Cenote Sagrado como un spa.
Los alienígenas debían de acudir en manada a estas instalaciones entre los siglos V y IV antes de Cristo, empleando a los primitivos mayas como botones y friegaplatos. La generosidad alienígena con las propinas debió de convertirles en dioses a ojos de los humanos, después de que Chichen Itza cayera en el olvido como destino turístico por culpa de la masificación y la construcción desaforada. La Riviera Maya sería así el primer pelotazo turístico de la historia, siglos antes de que los griegos fundasen Ampurias en la Costa Brava.
