Escalofriante testimonio de una víctima
Zapatero secuestra a los banqueros españoles
¡Lo que iba a ser una reunión para animarles a respaldar el crédito se convierte en un atraco con rehenes!

«Llegaba tarde a la reunión en la Moncloa porque me entretuve con la presentación de los resultados de 2008», cuenta Rufino Culópez, presidente de Caja Monegros. «Nuestros beneficios han descendido un 0,2% respecto al año anterior, y necesité un tiempo para reponerme del disgusto. Acudí dispuesto a no dejarme engatusar por el canto al altruismo de Zapatero» —quien, recordemos, dijo a la banca en un mitin que no era «momento de buscar grandes beneficios, sino de apoyar el crédito y la financiación de las empresas y las familias», según El Periódico—. «Cuando he llegado a la Moncloa, me ha extrañado que no hubiera nadie para recibirme. En un salón me ha parecido oír cuchicheos. Al entrar, he tenido tiempo de ver a un grupo de hombres en paños menores, sentados en el suelo, amordazados y con las manos a la espalda... ¡Uno de ellos era Emilio [Botín], bañado en sudor y sangre, boqueando, presa del pánico!» A continuación, Don Rufino recibía un culatazo en la nuca y caía inconsciente.
Los seis presidentes de bancos y cajas españoles convocados por Zapatero están ahora recluidos en un sótano de la Moncloa. Conocemos su situación gracias a Don Rufino, que ha logrado pedir auxilio al exterior gracias al iPhone que sus captores pasaron por alto. Uno a uno, los banqueros son llevados al despacho del presidente, donde se les pregunta por los códigos de acceso a su intranet. A los que se resisten, una tal «Doctora Ilsa» les inyecta un doloroso suero de la verdad. Todo apunta a que la tal doctora Ilsa es la vicepresidenta Fernández de la Vega, vestida a lo Marlene Dietrich y con un pésimo acento alemán, aunque el disfraz no deja de ser eficiente, pues basta con verla aparecer en corsé y botas para que el rehén se derrumbe entre lágrimas y cante como un jilguero.
El objetivo del gobierno es transferir los fondos de la banca a las arcas del estado. «Si vosotros os negáis a dar créditos, los daremos nosotros», amenaza Zapatero, escupiendo en la cara de sus rehenes. «Ya había oído decir que ZP era un lobo con piel de cordero —dice Don Rufino—. Pero joder, ¡qué mala hostia trae el lobo!»