Si Messi se fuera del Barça, volvería a encogerse
El crack depende aún de la hormona de crecimiento que le suministraron los médicos del Barcelona F. C.

Imagen hipotética: Messi en el Real Madrid daría la talla. La talla S, concretamente.
Pese al nerviosismo que suscitó la mera hipótesis de que Leo Messi —punta de lanza de un Barça meteórico— dejara el club azulgrana, un sector del equipo técnico no se mostró preocupado en ningún momento. Por la sencilla razón de que no lo estaba. Los médicos, en particular, sabían que Messi está más ligado al Barcelona de lo que el público cree, en una situación que en términos científicos se llama «tener a alguien cogido por los cataplines»: si se fuera a otro club, sencillamente, Leo empezaría a decrecer. No en calidad ni en valor; no hablamos en sentido metafórico: perdería estatura. Se encogería. Como un calcetín en la secadora. Como los móviles en la última década. Como el pene de un bañista en la costa islandesa. “Cariño, he encogido al pibe”.
De todos es sabido el arraigo de Messi a la ciudad de Barcelona y al club azulgrana. Fue el mismo club, de hecho, quien le pagó un tratamiento para paliar su retraso de crecimiento. «Sin las hormonas que le dimos, Messi habría sido un crack en el cuerpo de un enanito imberbe», declaró el doctor Pascual Pacheco. Pero lo que sólo un investigador de El Jueves podía averiguar es que, en realidad, ese tratamiento no ha acabado aún: Messi no tolera bien la hormona del crecimiento y su cuerpo la rechaza, por lo que hay que administrársela semanalmente. Sin ella, el cuerpo empieza a encogerse a marchas forzadas. No hay más que ver las fotos: cuando regresa de jugar con la selección argentina, tras apenas dos semanas en el extranjero, ya es unos cinco centímetros más bajo y la ropa le va holgada. Dos meses de abstinencia, y en vez de las natillas podría hacer el anuncio de las muñecas de Famosa. En dos años, se especula, ya no sería más alto que la pelota y tendría que jugar metido en una riñonera que llevaría Puyol, en plan marsupial.
Se explican así los besos al escudo y otras muestras de estima al club por parte de Leo. «Nos dice que el Barça sufre ‘messidependencia’», ríe el doctor Pacheco, frotándose las manos con un gesto maquiavélico... «¡Pero para dependencia, la suya! ¡Si opta por marcharse, podrá salir sin abrir la puerta, pasando por el resquicio! Con Figo aprendimos la lección: ¡nadie traiciona al Barça! ¡NADIE!»