De la exitosa serie «‘El Jueves’ investiga: ¿Qué fue de...»
Las Mama Chicho: «Hemos fundado la orden de las pizpiretas con tanga»

Todo está relacionado: mientras nuestro equipo de investigación trabajaba en desentrañar la trama de corrupción del PP, nos enteramos de que uno de los implicados, Álvaro Pérez Alonso, (a) El bigotes, está casado con una Mama Chicho llamada Noemí Rabal. Alguien preguntó entonces: «¿Qué fue de las Mama Chicho?» Y como lo cierto es que las intrigas políticas en la Casa Blanca son muy interesantes, pero las de España huelen a rancio y aburren, tiramos todo el trabajo por la ventana y nos fuimos a buscar lo que quedaba de nuestro ballet televisivo favorito.
Cuando Telecinco superó su etapa pubescente de «la florecita» y se pasó a hacer telebasura así como menos descarada, muchas cosas cayeron en el olvido: el concurso de las tres en raya, las platós con piscina, Raúl Sender, Doña Croqueta, el esmoquin y las bambas de Emilio Aragón... y las coreografías de sonrisa perenne y curvas peraltadas que daban colorido y melodía a los pasos a publicidad. «Nosotras, que alegrábamos las noches, las tardes de domingo y las sobremesas de entre semana con nuestro sonsonete, fuimos despedidas de mala manera», lamentan, aunque la tristeza no ensombrece sus rostros por mucho tiempo: «De pronto, la gente se volvió moderna y cosmopolita y decidió que los ballets éramos un concepto machista, superficial y arcaico. Pues nosotras lo vemos de otra forma: la gente no merece nuestra belleza.»
Esta es la razón por la que Patricia B., Patricia G., Patricia M., Patricia P. y Carolina se clausuraron en un convento del sur de Italia, donde las hemos encontrado. No están solas. «Nuestra orden está formada por antiguas azafatas de televisión, bailarinas y vedettes, todas repudiadas por un público de feministas, gafapastas e hipócritas que han decidido que ya no nos necesitan. Pues nosotras no les necesitamos a ellos: aquí vivimos, rezamos y debatimos los ensayos teológicos de San Agustín de Hipona. Somos felices.» Nosotros también hemos sido felices durante la hora que hemos pasado en el bucólico jardín del claustro, rodeados de tanta belleza, oyendo a nuestras espaldas susurros y risillas juveniles. Una cosa es segura: las Mama Chicho quizá sean antiguallas, pero gracias al celibato o a la gracia de Dios, no envejecen; mientras que los moderneques de hoy en día van de jóvenes a los 35 y son patéticos. Reflexionemos.