No nos llega ni para el bonobús
Los abonos de transporte público cuestan una pasta. Los antecedentes son gratuitos
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La crisis económica sigue presente en el día a día, afectando a todo tipo de personas en actividades tan cotidianas como ir al trabajo; A unos porque ya no tienen dónde ir y a otros porque deben desplazarse hasta él.
La actual situación de incertidumbre hace disminuir el uso del trasporte privado. Consciente de ello, el servicio público de transportes, ofrece cada mañana a miles de ciudadanos la posibilidad de intimar con decenas de desconocidos. Unos pocos usuarios consiguen llegar a sus destinos a tiempo y los más afortunados entran en el trabajo con los titulares del día tatuados en la nuca, lo que les hace especialmente populares junto a la máquina del café. Pero todo esto tiene un precio. Si uno comete la estupidez de intentar comprar un billete sencillo la cosa empeora y en ciudades como Barcelona debe especificarse al conductor que sólo se pretende viajar en el autobús, no comprarlo.
Pero existe una alternativa. Hay otra manera de viajar en transporte público.