«No soy un monstruo», declara Josef Fritzl, alias «el jodido monstruo»
El señor de Austria que tenía a su hija y nietos encerrados en el sótano está siendo juzgado esta semana

Como suele ocurrir en España cuando se comete un crimen macabro, esta semana, en Austria, no hay más noticia que el llamado «juicio del siglo». Se trata del caso de Josef Fritzl, «el carcelero» —un señor de 73 años que ya a simple vista no parecía un ancianito afable, y cuando descubrieron a su hija encerrada en el sótano durante 24 años ya se agotaron las adjetivos para describir tanta hijoputez.
Fritzl se ha declarado culpable de algunos de los cargos que se le imputan, pero no todos. Ya en sus primeras declaraciones, Fritzl alegó que no era un monstruo. Tiene parte de razón; no porque le falten méritos para llegar a esa categoría, sino porque los monstruos, hoy en día, no son objeto de discriminación como lo eran antes. Hace apenas dos siglos, el pueblo ataba al monstruo a una pira y le pegaba fuego. Fritzl, en cambio, tendrá un juicio justo e irá a una cárcel, donde se sentirá como en el sótano de su propia casa.
Muchos se decantarían, en este caso, por la vieja escuela (no menos en España, donde nuestra naturaleza romántica y el gusto por el género gótico en los informativos nos hace propensos a la turbamulta y la lapidación pública). Pero amigos, este es el precio de tener ética.