De la execrable serie «‘El Jueves’ investiga: ¿Qué fue de...?»
Míster T: «Siempre quise ser el nuevo Bill Cosby»

Igual que la señora María Dorada o el príncipe de Beukelaer, Míster T. se hizo famoso en el mundo entero por sus galletas. Nuestra generación merendaba viéndole distribuir leña por televisión —leña contundente y sin sangre— en el papel de M. A. Barracus. También en Rocky III, pese a perder el combate, cubrió de sobras la cuota de tortas. Una exigencia del público con la que Lawrence Tureaud (su verdadero nombre) siempre ha tenido que copar.
Mr. T. nos recibe en el invernadero de su casa de Malibú. Pasamos los primeros noventa minutos de entrevista hablando de variedades de verbena y de una dalia híbrida de su creación que ha bautizado como Barraci Flamigera. Tras reparar en nuestro estupor, se limpia el abono de las manos y repone: «Aunque probablemente estéis más interesados en mi faceta de repartidor de hostias.». Es su cruz. «¿Saben?, la culpa es del mote. En mala hora me lo puse. Pensé que sería mi pseudónimo cómico, pero a los representantes les sonó más a alias de luchador de la WWF, y eso condicionó muchísimo los papeles que me ofrecieron. Yo pensaba que Mr. T sonaría a risas infantiles y a personaje de Robin Williams, pero, en lugar de eso, se ha convertido en sinónimo de violencia gratuita.»
En vano intentamos convencerle de que es una violencia graciosa. Lawrence no le ve la gracia. «Yo quería ser el nuevo Bill Cosby», dice. «Un icono cuya simpatía trascendiera la televisión y se convirtiera en el papá de América. Después de El equipo A quise reconducir mi carrera; escribí el piloto de una serie familiar, El show de Mr. T., y logré que Ray Charles aceptase el papel de abuelo, pero rechazaron el formato.». Lawrence suspira, melancólico. «Por lo menos, escribir aquel guión me dio experiencia para la novela rosa que vino después, La brisa en los rododendros. Ahora paso el tiempo entre mi estudio, la sala de música donde practico el violín, el invernadero y la cocina», resume, ofreciéndonos a cada uno un pedazo de tarta casera. Con el primer bocado, el sabor dulce, entre tanta memoria amarga, nos sorprende a todos, incluso Mr. T. parece volver a ver la vida en color. «Quizá sí me convierta en un papá de América, después de todo. Me ofrecieron rodar un spot para una campaña antidroga. No me dejaron hacer chistes, porque la frase era: “Si te pillo fumando crak, te hincho los morros, pequeña sabandija”. Pero es casi lo mismo.»