El Rey es miembro honorífico de los Ángeles del Infierno
Lo demuestra un tatuaje mural en el pecho que le impide mostrarse ante el público en ‘top-less’

Otra leyenda urbana que se confirma. Los rumores sobre la secreta atracción de S. M. Juan Carlos I por la carretera y el motor de gran cilindrada eran demasiado antiguos para ser injustificados. Alimentaban el mito los testimonios que le han ido situando en diversos puntos de la piel de toro: accidentados en carretera que fueron atendidos por «un motorista vestido de cuero negro, de voz grave y actitud solemne que sólo se quitó el casco un segundo para guiñar el ojo al despedirse, revelando un rostro que recordaba a los sellos de Correos». Esta fama de buen samaritano, quizá, fue la aportación de La Zarzuela a una rumorología ya demasiado sólida para ser borrada, para alejarla del camino de la triste realidad. Porque el Rey, contra lo que quieren hacernos creer, tiene poco de caballero andante de 1.200 cc. Sobre su Harley, Juan Carlos muestra una faceta que avergonzaría a la España moralista, pero que le valió un título honorífico entre la banda de motoristas más temida a este lado del Pisuerga: los Ángeles del Infierno.
Lo reveló Félix Porras, (a) Reverend Revvy, un ex pope de los Hells Angels que coincidió con Su Majestad en tres ocasiones. La primera, en 1976, en un paraje del desierto castellano conocido entre los moteros como Valle de la Muerte y entre los lugareños, como Valle del Piedroseco. «No le reconocimos esa primera vez. Nos contó que le acababa de caer un marrón, que por un compromiso familiar había tenido que aceptar un cargo en la Administración y que se sentía atrapado en el sistema. No daba mucha pena, pero como nos pagó seis rondas de cervezas mientras nos contaba su vida de pobre niño rico nos cayó bien. Una semana más tarde, le vimos por televisión. No nos lo creíamos, pero aún hablaba como si tuviera la lengua dormida por el aguardiente: ¡era él!»
Ante el escepticismo que han levantado estas declaraciones, el Reverendo ha retado a quienes no crean en la cara oscura del Borbón: «¿Ustedes saben dónde se hizo Juáncar el tatuaje iniciático, una noche en Cuenca en la que se fumó hasta la pelusa del ombligo? Pues yo sí lo sé. Que espabilen los fotógrafos.»