El corrector ortográfico del Word es obra del Opus Dei
El famoso clip del MS Office confiesa: «Si en su diccionario no aparece la palabra 'vagina', no es un descuido»

Intenten escribir en un documento de Word la palabra ‘coño’: aparecerá subrayada en rojo, porque el corrector ortográfico no la reconoce. Inadmisible, pero excusable, hasta cierto punto, por lo de proteger a los niños. Probemos con ‘chichi’. No. ‘Chumino’. No. ‘Vagina’. ¡¿No?!
Términos de uso científico como ‘vagina’, ‘pene’, ‘púbico’ y ‘felación’, amén de otros conceptos más infantiles, como ‘pedo’, no existen para Microsoft —al menos, no en la versión del Office que utilizamos en El Jueves, lo que desalienta el uso del estilo «satírico-rústico-makinavajero» que es marca de la casa. Atribulados y cogitabundos, acudimos al ayudante virtual del programa —el célebre clip del Office, tan famoso por su pertinaz voluntad de hacer nuestro trabajo más fácil como por su probada ineficacia— y le preguntamos: «¿Cómo sugieres tú que llamemos a la vagina?»
Al principio, evita responder con un discreto «No existen temas relacionados», pero, tras un tenaz interrogatorio, acaba cediendo: «Me juego el tipo contándoos esto», nos confiesa, mirando a un lado y a otro. «El Office filtra cualquier expresión inapropiada o irrelevante para el lenguaje ejecutivo. Microsoft pactó hace tiempo con los grandes empresarios un programario neutro y aséptico, para reprimir las emociones de los empleados y convertirles en robots.» La revelación nos pone los pelos de punta, pero el clip, para una vez que percibe nuestro interés, se suelta los alambres: «Los censores son un grupo de yuppies ultraconservadores, vinculados a una orden de integristas católicos que también participa en la conspiración. Si han omitido los nombres de los órganos sexuales en el diccionario, quizá se deba a que ellos carecen de los mismos. La no-función crea el no-órgano.»
Lo que sospechábamos: el Opus Dei está detrás de todo. Antes de poder preguntarle a nuestro soplón si los censores son realmente humanos o ciborgs, el clip se repliega: «No puedo decir más: creo que el perrico aquel de la Búsqueda de archivos ya me sigue el rastro. ¡Contacto con vosotros luego!», promete antes de desaparecer.
No hemos vuelto a verle.