De la intrincada serie «‘El Jueves’ investiga: ¿Qué fue de...?»
Susana Egea, «stripper» de «3x4»: «A los 50, el erotismo ya no es un recurso fácil»

Para ponernos en situación: hará veinte años, Julia Otero presentaba un magacín-concurso matinal llamado 3x4; los concursantes pasaban diversas pruebas de inteligencia y, si fallaban, tenían que sacrificar uno de sus siete comodines. «Tumbaba» los comodines —como naipes gigantes— una tal Susana, que se paseaba entre ellos semi-semidesnuda (desnuda en un 90%, más o menos). Pero no se la veía el cuerpo entero hasta que caía el último comodín. Cosa que, siendo el concurso más bien fácil, pasaba con la misma frecuencia con la que se alinean Marte y Júpiter. Pero ocurrió alguna vez, y bastó para que este montón de información inútil quedase grabado en nuestros infantiles cerebros (en detrimento de las capitales de Europa y de qué hacer en caso de incendio), y por eso ahora nos lanzamos en búsqueda del paradero actual de Susana Egea.
La encontramos, por fin, en un colonia nudista a orillas del golfo de Vizcaya. Para entonces, eso sí, nosotros ya hemos hecho seiscientos kilómetros en dirección a Cádiz. Tendríamos que haber consultado el Google antes de salir a buscarla a la brava, pero somos así, impetuosos. Dice el Dios de Internet que Egea fundó la reserva, junto con unas amigas, a principios de los noventa, y ahí la encontramos, paseando en bolas por los acantilados. ¿Encasillada, tal vez?
«No podría repetir mi papel en televisión, aunque quisiera», nos explica Susana, «porque la verdad es que a partir de los 50, el erotismo deja de ser un recurso fácil. Pero, gustos del público aparte, yo siempre he tenido esta vocación.» Y no se lo reprochamos, porque la verdad es que sigue estando estupenda, aunque, pese a nuestra exigida desnudez, no lo manifestemos con el entusiasmo esperado. A raíz de lo cual, sí podríamos reprocharle la idea de montar una colonia nudista en pleno Cantábrico, con un viento del norte que corta los tendones. «Nada; después del primer invierno, os acostumbraríais seguro», nos anima.
Susana no consideró reciclarse para la televisión: «Me retiré cuando estaban bien altas», bromea, tuneando el tópico. «A las nudistas nos pasa como a los jugadores de fútbol: si los primeros diez años no ganamos como para jubilarnos, lo tenemos crudo. Por suerte, había muchas en mi situación: casi todas estas chicas son colegas de profesión, suecas y holandesas.» En efecto, las vemos en la cala, unas nadando, otras jugando en la arena, todas en plena forma gracias al ejercicio y a la dieta vegetariana. Es el paraíso, sí. Pero hace un frío de la hostia y no aguantamos más. Le damos dos besitos a Susana, por tener algo que contar a nuestros nietos, y volvemos a la furgoneta a tiempo de espantar a los gitanos que ya estaban acechando nuestra ropa. Que sepa quien esto lee que el edén queda por ahí, al norte.