Dani Mata
La prostitución, en crisis, adopta medidas drásticas
Los servicios completos incluyen ya mascarillas antigripe porcina
Que de la crisis no se salva nadie lo saben ya hasta en la calle. La prostitución también se ha visto afectada, y así lo demuestra la considerable disminución de vehículos frecuentando polígonos industriales en horario nocturno. La situación es complicada y, lejos de quedarse de piernas cruzadas, el grupo más importante de chulos, madames y prostitutas del mundo, el P-20, se reunió con carácter de urgencia en una de las principales rotondas de Amsterdam, en lo que sería un último esfuerzo conjunto con el fin de reactivar el negocio.
Las nuestras, las españolas, que dependen de las francesas para pertenecer oficialmente a la élite de la prostitución, se mostraron bastante participativas durante el encuentro con ideas innovadoras, como las de incluir, aparte de los característicos preservativos, mascarillas antigripe porcina en sus servicios completos. El negocio de la prostitución demuestra, de esta forma, que son capaces de adaptarse a las nuevas tendencias y preocupaciones sociales. «Tenemos que intentar levantar el negocio y, nosotras, de levantar cosas, sabemos», decía una prostituta anónima que además aseguraba poseer «polvos mágicos para conseguirlo».
No obstante, si al poner en práctica las nuevas propuestas el volumen de clientes continúa disminuyendo, las prostitutas, las únicas para las que paradójicamente «¡A la puta calle!» significa «empleo», no tendrán más remedio que volver a su puta casa.