Una de piratas
Pelea a muerte entre Gobierno y jueces por los piratas somalíes
«Es que, hombre, para una vez que pillamos piratas, tener que soltarlos sienta mal», dice Moratinos

Se ignora el destino de los piratas capturados por la audacísima Armada Española en las costas de Somalia. El caso es singularísimo: en principio, el juez de la Audiencia Nacional, Fernando Andreu, solicitó el traslado de los bucaneros a España, a pesar de que la única piratería que se persigue aquí es la audiovisual (la otra dejó de ser delito en cuanto los piratas argelinos cesaron de atacar el Levante).
Pero la Fiscalía, a instancias del Ministerio de Exteriores, solicitó que los piratas fueran entregados a Kenia, con la que la UE tiene un convenio que sí permite juzgar a piratas, corsarios y otros «caballeros del mar». El juez Andreu, a estas alturas ya bastante mareado con las órdenes y contraórdenes, dijo que «dejaran de tocarle los campañones, por mil millones de centellas», y ordenó a las fuerzas españolas que liberaran a los prisioneros.
En ese momento, el Gobierno dijo que ni hablar, y ordenó a las fuerzas españolas que «ni moverse». Estas dijeron que vale, que, cuando se decidan, les avisen.
No se descarta que un destacamento del Gobierno, bajo las órdenes de Moratinos y Chacón, asalte la Audiencia sable en mano y obligue al juez a entregar a los piratas a Kenia, bajo amenaza de pasarle por la quilla o colgarle de los citados campañones, todo siempre con el máximo respeto a la independencia judicial.
Por su parte, los piratas, quitando cierto desconcierto, están encantados y muy divertidos con este simpático ejemplo de burocracia hispánica.