Aparecen geoglifos con diseños de Agatha Ruiz de la Prada
Los expertos, confundidos: «Su afición a esta moda borreguil contradice la teoría de una inteligencia alienígena»

Wilson Núñez Ortega, humilde campesino de la provincia de Cocoguagua (Perú), no sabe de astronomía, teología ni ciencias ocultas, pero, a falta de otro sospechoso, se cagó en Dios y en todos los arcángeles la mañana en que descubrió abrasados unos 27 acres de su plantación de boniatos. Sin embargo, mayor aún fue la sorpresa de los científicos cuando las fotos a vista de pájaro tomadas por la policía demostraban que los geoglifos —grandes dibujos geométricos aparecidos en campos de cultivo— tenían la forma de los diseños de Agatha Ruiz de la Prada, popularizados en artículos de papelería: las mismas estrellitas, corazoncitos y florecitas que, en manos de estudiantes borregas, han convertido las facultades de España en embajadas de Super Mario World.
Walter Porras, parapsicólogo local, curandero y autor del libro Ciento una formas de guisar la remolacha, compara estos dibujos con los aparecidos en el continente sudamericano desde la época maya (llamada así por los indios, no por la abeja). «Los geoglifos son la prueba de que los extraterrestres vigilan nuestro continente», afirma Walter, «aunque la causa o propósito es aún un misterio. Unos dicen que son los rastros de naves auxiliares que aterrizan y despegan en nuestros campos, abrasando las plantas con sus turbinas; otros, que los extraterrestres son gigantes que toman la Tierra por un inmenso post-it y hacen dibujitos al azar mientras llaman a sus madres por teléfono.» En cualquier caso, «se confirma que los extraterrestres llevan miles de años vigilándonos, hasta el punto de que a las nuevas generaciones se les pegan incluso nuestras modas más absurdas. Imaginen que sus naves son las que han dejado huellas de esta forma: ¿hasta qué punto hemos influido en su tecnología?»
Una cosa está clara: si se han inspirado en la misma diseñadora para sus trajes espaciales, el día en que salgan a la luz, no habrá diálogo posible: será la guerra.