Gabón, cerrado por defunción
No, no es un nuevo cómic de F. Ibáñez: es que Gabón, el país, ha asumido por fin que su presidente cría malvas
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Es una historia rocambolesca, como las que nos gustan en El Jueves: resulta que Omar Bongo, presidente de Gabón —en la costa oeste de África central, ex colonia francesa; de nada— estaba ingresado en la Clínica Quirón de Barcelona, por un chequeo rutinario según el Gobierno gabonés, por un cáncer terminal según la dura realidad. Entonces, el hombre va y se muere. Y el primer ministro gabonés comunica al pueblo, el lunes por la mañana, que viene de visitar al presidente y que le ha visto estupendo, y que lo de su muerte son patrañas inventadas por Francia con vete a saber qué oscuros fines, pero que sin duda serán vengadas a golpe de demanda. Palabras todas ellas que se comió la misma tarde, cuando admitió la verdad y ratificó a los medios franceses que dieron la noticia.
Omar Bongo era hasta el lunes el presidente que llevaba más años en el poder, y en Francia tenía abierta una investigación por presunto desvío de fondos, blanqueo y otras corruptelas. Se prevé una pequeña guerra de sucesión entre su hijo (hoy, ministro de Defensa) y su yerno (hoy, ministro de Economía). En resumen, Gabón: otro gran país para observarlo de lejos.