De la rocambolesca serie «‘El Jueves’ investiga: ¿Qué fue de...?»
Coyote Dax: «Sé que es triste robar, pero pidiendo no sacaba una perra»

Parece que han pasado cuatro días desde que Coyote Dax llenaba platós de televisión con su regimiento de bailarines de Famobil, programados para ejecutar los pasos más básicos del country con la agilidad de un robot andante japonés, al son de una versión horrísona del Don’t break my heart traducida al castellano por un oligofrénico borracho de mezcal (¿qué coño pretendía significar eso de «me estás pegando justo entiéndelo»?). Pero no han pasado cuatro días, sino apenas ocho años, que parecen dieciséis en el rostro de Coyote Dax, ahora que le vemos de cerca en el McDonald’s donde estamos cenando, reteniendo al cajero con un destornillador en la yugular mientras con la otra mano se llena de billetes los bolsillos.
«¡No os acerquéis!», nos grita, cuando reunimos el valor de hacerle un interviú al muchacho, una vez vencidos el miedo y las arcadas sabor Happy Meal. «¡No sabéis todo lo que he pasado! ¡Llevo un lustro muy malo, os lo advierto!»
No hace falta insistir mucho en nuestro interrogatorio, siempre escudándonos tras unas bandejas de PVC, para que Coyote acabe regalándonos alguna confidencia. Su éxito televisivo fue efímero, finiquitado por los mismos productores que lo crearon y que, por cierto, desaparecieron del mapa llevándose el parné y dejándole con un premio Amigo que parecía de bronce y resultó ser de purpurina. No le quedó más remedio que regresar a sus orígenes: la charanga de fiesta mayor. Volvió a la carretera con renovado esfuerzo, invirtiendo todo lo que tenía en combustible para un autocar nuevo y en contratar bailarines. Así empezó una gira de cinco años por España, Portugal y Marruecos que acabó la semana pasada. «No me arrepiento de nada», grita Coyote, mientras aprovecha para picotear unos McNuggets olvidados en la freidora. «Ahora pasamos por momentos bajos, pero continuaremos la gira. No sé en qué ciudad estoy, ni en qué año. ¿Ha pasado ya el 2016?» Le decimos que aún no. «Mejor. Tengo que persistir en un estado de inconsciencia supina hasta esa fecha. Es cuando, según mis cálculos, llegará la hora de mi retorno triunfal: ahora ya están volviendo los grupos de los noventa, ¡en 2016... será mi momento! ¡Sólo se vive dos veces, y yo estoy en una larga media parte!»
Sus propios gritos le impiden oír las sirenas de policía hasta que están demasiado cerca. Coyote se ve obligado a huir precipitadamente, y en la fuga le clava un tenedor de plástico en un ojo a nuestro fotógrafo. Pero no importa: tiene otro de repuesto, y siempre podrá decir que esa espantosa cicatriz se la hizo Coyote Dax. ¿Hay mayor honor para un reportero de El Jueves?