¡Lo que nos faltaba!
Para disgusto de los tíos, llega la píldora contra la eyaculación precoz
¡Las tías nos van a tener dos horas dale que te pego, con lo que cansa eso!
A finales de mes empezará a venderse en España la pastilla contra la eyaculación precoz. Los especialistas que participan en el 74º Congreso Nacional de Urología, que se celebra en Valencia, se han referido a la «novedosa aportación» del fármaco, que puede triplicar y hasta cuadriplicar el tiempo de eyaculación. Se calcula que en España hay un 25% de «precoces» (que lo dicen), más vete tú a saber los que lo ocultan. Y este problema no desaparece con los años, según los urólogos, sino que «como mucho, remite la ansiedad de las relaciones de la adolescencia». Mucho nos tememos que las tías nos van a liar.
–Muy bien, cariño, ya llevas cuatro minutos y medio, cuando tu marca habitual son diez segundos. ¡Sigue!
–Pe... pero... es que me estoy cansando...
–¡Y se te está poniendo morcillona! ¡Espera, te voy a dar una viagra!
–No, no, por favor, casi que me corro ya y...
–¡Una leche, te vas a correr! ¡Toma la viagra, y otra más contra la eyaculación!
–¿Qué?
–A ver si llegas al cuarto de hora.
–¡Pero si he leído que los urólogos hablan de que entre dos y cuatro minutos es el tiempo ideal!
–¡No, cariño, dicen que los hombres que no padecen este problema duran 7,3 minutos!
–Pues vete con uno de esos, que yo no puedo más. ¡Ay!
–¡Si es que no estás en forma! ¡Si hicieras la mitad, por lo menos, de los abdominales que hace Aznar!
–A ese no me lo nombres porque, entonces, ni viagra ni pollas, se nos va todo al carajo.
–Venga, sigue, que ya llevas casi cinco minutos.
–Llego a esos 7,3, como mucho, ¿vale? ¡Nada de cuartos de hora!
–¿Y el tiempo que me debes desde que te conozco? ¿Eh? ¡Sigue, más, más, así, así!
–¿Pero es que esto tiene carácter retroactivo? ¡Ay, ay... si es que mañana me van a salir agujetas!
–Espera, que te voy a dar tres pastillas de glucosa, para prevenir.
–¡No quiero más pastillas! ¡Además, joder, va a empezar el partido de España!
Que no nos líen. Estas pastillas tienen sus efectos secundarios y deben ser utilizadas bajo estricto control médico. ¡Y suponemos que a Trinidad Jiménez no le dará por subvencionarlas! ¡Hay muchas carencias en la Sanidad pública, para emplear mejor ese dinero!