Sarko aparca el burka
Mientras él rompe una lanza por las mujeres, Berlusconi mete el remo: «Además, las mujeres musulmanas no son TAN feas»

La regulación del atuendo islámico es un tema de conversación sólo para funambulistas avezados. Una palabra de más puede interpretarse como un insulto a antiguas tradiciones y a una religión de mil millones de adeptos. Tender una mano a las mujeres islámicas puede malinterpretarse como una duda a su capacidad para pensar por sí mismas (en efecto, creer que 500 millones de musulmanas llevan velo, chador o burka porque les han lavado el cerebro suena a prepotencia colonialista o mesiánica). Hacer un gesto drástico por la igualdad y prohibir el objeto de controversia es así como autoritario y fascistoide. Y mientras tanto, la controversia bulle en los diarios digitales y foros de colegios, entre meapilas religiosos y señores que empiezan las frases diciendo «yo no soy racista, pero» y las terminan con «o se adaptan o que se larguen» (gente que, en efecto, no es racista: es gilipollas).
Tal escenario de polémica delicada es el que se vive en Francia, y ha llevado a Nicolas Sarkozy a posicionarse ante la Asamblea Nacional y el Senado a la vez. Y se ha posicionado contra el burka, considerándolo no un símbolo religioso, sino de servidumbre y humillación. Con eso ya ha quedado como un intolerante ante la comunidad musulmana. De quedar como un machista, por su parte, se encargó un experto: su homólogo italiano, Silvio Berlusconi, que añadió en declaraciones a Le jeudi (delegación de El Jueves en las Galias): «Además, es que el burka ese no es ni necesario... Yo he tenido ocasión de ver a mujeres afganas en la tele cuando se lo quitaron, y no eran tan feas.»
Berlusconi opina además que Francia ha dado el primer paso hacia un futuro halagüeño: «Lo sé bien: se empieza quitándoles el burka, y, al cabo de unos años, acabas quitándoles todo lo demás».