Ahmadineyad avisa a Occidente de que ya nada será igual con Irán, porque le hemos cabreado mucho
«Me he quedado con todas vuestras caras, en especial con la de Obama, que es igual que la de Bush», ha dicho, «y os vais a enterar todos»

«Mira que yo, por las buenas, puedo ser muy bueno; pero, por las malas, me pongo muy desagradable yo, ¿eh?, y no respondo de lo que pueda pasar conmigo». Este fue ayer el mensaje principal de un Ahmadineyad al que, si se le mira detenidamente, se ve que se le ha puesto cara de muy mala leche. Cierto que, ya de por sí, nunca la tuvo de buenos amigos, pero ahora se le ha avinagrado bastante.
«Los occidentales pensaban que podían destruir la autoridad iraní con propaganda falsa», prosiguió. «Pero deben saber que, a partir de ahora, Irán hablará desde otra posición, tratará a los enemigos desde una nueva perspectiva, en concreto, desde la perspectiva del cabreo que tengo, que estoy más cabreao que una mona».
«Me he quedado con todas vuestras caras, occidentales de mierda», añadió, elevando un poco el tono de las amenazas. «En especial con la de Obama, que es igual que la de Bush». Y concluyó: «En cuanto sofoque los últimos focos de la resistencia de Musaví, que me tiene hasta los cojones, me pongo con vosotros. ¡Os vais a enterar!».
¡Qué se le va a hacer! Y eso que, antes de las elecciones iraníes, todo indicaba que iba a haber buen rollito occidental con este tío. ¡Pero la culpa la ha tenido él! Si, en lugar de acometer un pucherazo electoral de tres pares, hubiera llevado a cabo un pucherazo más discreto, es decir, una victoria con menos margen, a lo mejor no hubiera pasado nada. Pero se llenó de puchero, el muy abusón no supo controlarse con los votos, y el resultado cantó demasiado.
La Unión Europea, por su parte, también amenazada por el presidente iraní, duda entre la vía diplomática, con un "«¡Venga, hombre, Mahmud, no te pongas así, joder!», o una respuesta más firme, del tipo «Vete a cagar a la vía»", o incluso «¡Anda y que te den!».