Pues lo de Honduras era un golpe de Estado, oyes
Por un momento, y como tardaron en echarlo del poder, el presidente Zelaya pensó que las tropas habían salido a la calle a celebrar el Día del Orgullo Militar

Finalmente, lo de Honduras ha sido un golpe de Estado. Al principio tenía toda la pinta. Salieron las tropas a la calle y la gente comentó: «¡Huy, para mí que esto va a ver un golpe!». Pero pasaron los días y el presidente de la nación, Manuel Zelaya, seguía en su puesto. «A ver si es que han salido a celebrar el Día del Orgullo Militar», pensó, el muy ingenuo. Total, que, como veía que las tropas no tomaban el poder, el sábado abandonó la sede de la Presidencia y se fue a su casa a dormir, tan tranquilo.
Un comando de soldados le despertó apuntándole con los fusiles. Y así, en pijama, lo trasladaron a una base aérea, y lo llevaron a San José de Costa Rica. Desde allí, Zelaya, todavía en pijama, ha dado una conferencia de prensa para decir: «¡Yo sigo siendo el presidente de Honduras!», y luego, fuera de micrófono, ha añadido: «¡Joder, por lo menos estoy vivo!». Luego, ha ido a ducharse y a vestirse.
Ha sido un golpe de Estado, porque al final, como suele decirse en estos casos, si algo anda como un pato, nada como un pato y canta como un pato, es que es un pato.