Hombre muerde perro, versión playera
Bañistas devoran tiburón blanco en Benidorm
Culpan al chiringuito de la playa: «¡A ocho euros, la ración de boquerones! ¡Ustedes habrían hecho lo mismo!»

Han saltado todas las alarmas. Los salvavidas han izado las banderas rojas. Salvamento marítimo ha echado al agua los paquebotes. Guardacostas australianos, expertos en depredadores marinos, han sido convocados expresamente a la costa alicantina para tratar el conflicto. La amenaza se llama «familia Peláez-Montesinos», y su primera víctima ha sido un tiburón blanco de cinco metros de longitud.
El ataque tuvo lugar en la cala de la Almeja Viscosuela, en plena Costa del Sol, a eso de las 13.30. Los testigos describen a la manada asesina como «unos diez ejemplares de piel morena, bastante crecidos. Estuvieron entre la arena y el agua casi toda la mañana, desde las once, pegando voces y marcando el territorio con flanes de arena, pero sin buscarse problemas. Hasta que, a la hora del vermú, dejaron a la abuela de guardia bajo la sombrilla y se fueron al chiringuito». No sabemos qué es lo que les puso tan nerviosos, aunque la pizarra de los precios, donde el dueño ostenta sin vergüenza alguna las tarifas por lata de refresco, caña y tapa, son para volver loco a cualquiera. La manada, inquieta, empezó a rugir en tono amenazante, obligando al dueño del chiringuito a bajar la persiana. Un vendedor de helados intentó domarlos, pero el jefe de la manada (don Gonzalo Peláez, natural de Albacete) tenía un antojo de boquerones en vinagre. El hambre y la insolación les hicieron rendirse a sus más primitivos instintos, y se echaron al agua con intención de pescar el aperitivo. «Aquel pobre tiburón blanco extraviado, con varias hileras de dientes afilados, tuvo la mala suerte de cruzarse en su camino», cuenta una testigo, con lágrimas en los ojos, aún horrorizada.
Don Gonzalo, más calmado tras la carnicería, se justificó ante los micrófonos: «La culpa es de la crisis», despachó, hurgándose los incisivos con una espina del escualo.