El Consejo de Ministros trabaja duramente en Palma de Mallorca
En una reunión dedicada al turismo, el Gobierno saca un paquetón de medidas de apoyo al sector

El Consejo de Ministros, en su incansable esfuerzo por sacarnos adelante, se ha trasladado a Palma de Mallorca para celebrar una reunión especial dedicada integramente al turismo. El Gobierno quiere apoyar decididamente a este sector, amenazado por la crisis (y por la peligrosa epidemia de abstinencia detectada en los alemanes), y por ello ha preparado un paquete o, por ponernos playeros, un paquetón de medidas destinadas a potenciar el turismo sostenible, el adjetivo de moda.
Sostenible no quiere decir que los turistas que vengan no sean unos borrachuzos que no se sostienen en pie. Quiere decir que los constructores de hoteles y urbanizaciones deberán controlarse un poco y no joder el medio ambiente.
Para empezar, se invertirán 40 millones en las infraestructuras turísticas de Balears, lo que está francamente bien, y se llevará a cabo un plan de comunicación de la gastronomía española allende los mares. La idea es echar de comer gratis a europeos, americanos y asiáticos, para que piquen y se vengan aquí a que les sableemos en nuestras variadas fondas y posadas.
De hecho, para integrarse mejor en el tema a tratar, alguno de los ministros ha sugerido comenzar celebrando el Consejo en la playa, «y luego, ya tardecito, irnos a un restaurante a comer caldereta o una mariscada.» Zapatero, en su obsesión por la austeridad, ha cambiado el restaurante por un chiringuito.
Dios les bendiga y premie sus sacrificios.