De la austera serie «‘El Jueves’ investiga: ¿Qué fue de...?»
Los Famosos Cinco: «El sexo nos da asco y miedo»

Dijo una vez J. K. Rowling, cuando anunciaba el cuarto libro de la saga Harry Potter, que en esa entrega de la escuela Hogwarts las hormonas entrarían en ebullición, ya que no deseaba que sus personajes se quedasen estancados en una eterna prepubertad como Los Famosos Cinco. No era la primera en señalar la incoherencia de que Julián, Dick, Jorge y Ana, protagonistas de la serie de best-sellers juveniles de antaño, vivieran sus aventuras durante un sinfín de vacaciones de verano, pascua y navidades, detenidos en una igualmente perpetua adolescencia. Pero lo que había pasado desapercibido hasta ahora es que esos adolescentes han sobrevivido a los libros. Aun hoy, casi medio siglo después de su última novela, Los Cinco siguen pasando sus vacaciones en la isla Kirrin, al sur de Dorset: siguen corriendo sus aventuras y desmantelando redes de contrabandistas locales y siguen teniendo 12 años. Incluso el quinto miembro del equipo, Tim, sigue vivo. Y es un perro nacido en 1942.
Los Cinco no le prestan mucha importancia: ya se sabe, cuando uno es niño, lo raro es creer que se puede envejecer. Intentamos convencerles: «Pero ¿no os dais cuenta? ¿No notáis que otros niños crecen e incluso sufren artrosis ante vuestras narices?» Ellos intercambian miradas, sin comprender. No tienen contacto prolongado con muchos otros niños; nunca han pasado de quinteto: Julián, el fornido y buen mozo; Dick, el pícaro pecoso; Ana, la niña relamida; Jorgina, alias Jorge, la marimacho; y Tim, el perro que les sacaba las castañas del fuego. «Será cosa de las inyecciones», concluye Dick al fin, tras dedicar al asunto unos minutos de reflexión. Nos muestran las marcas de pinchazos, en los brazos y en la base del rabo, según la especie. «Siempre nos han dicho que eran la vacuna de la escarlatina, pero puede que sirvan para inhibir el envejecimiento.» «Claro», tercia Ana, «puede que contribuyan a la regeneración celular y neuronal, logrando el efecto virtual de una juventud eterna.» Son palabras muy largas para unos niños de doce años. «Cuando no es verano, vamos al colegio nueve meses al año desde el 42 —apostilla Julián—. Casi no saben ya qué enseñarnos.»
«Pero, ¿cuándo vais a empezar a liaros entre vosotros? —les preguntamos—. Ah, no, vale, que sois familia.»
«Pero, si sois tan listos, ¿cómo no os dais cuenta de que vivís atrapados en un bucle? ¿No veis que vuestros lectores son ya todos calvos, carcamales o cadáveres? ¿Cuándo vais a empezar a liaros entre vosotros? Ah, no, vale, que sois familia. Pero Jorge, ¿no ves que eres el referente de miles de lesbianas en todo el mundo? ¿Cuándo vas a ceder al empuje de tus hormonas?»
Ana nos corta de inmediato, muy seria: «Somos niños. El sexo nos da asco y miedo.» Jorge, más pragmática, repone: «Vale, vivimos en el delirio de un científico loco que nos mantiene jóvenes eternamente. Cada verano que pasamos es el mejor de nuestra vida. Y gracias a nosotros, Dorset es la región con menos delincuencia del mundo. ¿Por qué íbamos a cambiar esto? ¿Ustedes lo harían?»
Sólo nos queda una pregunta antes de volver a la lancha y envidiar a Los Cinco el resto de nuestras cortas vidas: «¿Quién es el cerebro detrás de todo esto? ¿Quién os aplica el tratamiento?» Responde Julián: «Oh, fue idea de la tía Enid [Blyton]. Nuestra cronista, la que narraba nuestras aventuras. Se aplica el mismo tratamiento a sí misma, pero como su longevidad ya cantaba, se cambió de nombre. Ahora escribe sobre otros personajes. Algo sobre un chaval huérfano que va a una escuela de magia, o algo así. ¿Le suena?»
