Récord mundial: un testigo del programa ‘Gente’ pasó casualmente por 137 escenas del crimen
Eso sí: nunca ha visto nada

Se llama Ceferino Bahamuncia y sólo tiene 0,5 dioptrías en el ojo izquierdo, pero, a pesar de su casi excelente visión, jamás ha observado ningún detalle de los 137 crímenes que se han cometido a su alrededor, pues él estaba mirando para otro lado pocos segundos antes o después de la acción fatal. Afortunadamente, esto no le ha impedido ganarse un sobresueldo como testigo profesional en el programa Gente de TVE, donde vecinos, peatones y personas que no tienen una mierda que decir son interrogados diariamente para que nos cuenten los hechos en primera persona.
El caso de este valenciano de Onteniente es un ejemplo del virtuosismo con el que a veces opera el azar. Desde 1983, los catorce vecinos de su bloque de viviendas, en el número 7 de la calle Pollardo Vega, han sido víctimas o verdugos de los asesinatos ocurridos, a razón de al menos uno por apartamento. Ceferino sólo oyó gritos o, en el mejor de los casos, vio a alguien que bajaba corriendo. «Todos gente muy normal, que nunca lo habrías dicho», asegura él, «que les saludaba yo cada mañana, y bien, bien.» El Bar Tolo, del que es habitual, ha sido escenario de dos homicidios, seis peleas campales, un envenenamiento masivo, cuatro atracos y un incendio. En todos los casos, Ceferino llegó para encontrarse con el cordón policial en la puerta o se manchó los zapatos de sangre al entrar o estaba dentro en el momento de los hechos («pero había ido al baño»). En su barrio se han producido robos por alunizaje, brotes de canibalismo, secuestros al estilo de Colombia, atentados yihadistas, un golpe de estado militar y varios incidentes con reses enloquecidas; pero él se enteró de que pasaba algo por los reporteros.
Pese a su mala suerte, Ceferino es optimista: «Siempre tengo anécdotas que contar, y desde que los de Gente me pagan por aportar mi granito de arena, me va muy bien.» Antes de hacerse testigo profesional, Ceferino era detective de la policía nacional, pero «se conoce que no era el más dotado para este trabajo».