Queman al maestro de un pueblo de Valladolid por defender el heliocentrismo
En Cabronazos del Pisuerga no aprecian esas moderneces

Cabronazos del Pisuerga es un municipio más de la comarca histórica de Ceporros de Esgueva, al norte de Valladolid: aislado entre cultivos de secano, tiene su iglesia, su ayuntamiento, su leprosería y su cepo de castigo para los bandoleros. Hasta aquí, todo normal. Lo que ha generado alguna controversia es la pira erigida en el patio del colegio, donde el pasado lunes fue ejecutado el maestro de cuarto de primaria por afirmar que la Tierra gira alrededor del Sol.
El humo de la noticia (nunca mejor dicho) llegó hasta el Ministerio de Educación, causando notable alarma. Pero el gobierno autonómico y la diputación quitan hierro al asunto: «No vamos a reabrir el dichoso debate educativo de que si la religión es obligatoria, si el hombre viene del mono o qué astro gira en torno a qué otro», dijo don Pío Gonzalves, diputado por Valladolid y señor feudal de los Montes Torozos. «Quedamos en que había libertad de conciencia y, en la comarca de Ceporros, son así, tradicionales. Qué vamos a hacerle.»
En Cabronazos del Pisuerga evitan hablar del tema. Cipriano Güérdago, el alcalde, prefiere echar tierra sobre el asunto. En efecto, le sorprendimos enterrando el cuerpo del maestro en un estercolero. Más hablador se mostró algún vecino, como Celestina la Bultos, famosa por su colección de enfermedades de la piel: «Estamos hartos de los sabihondos que llegan de la capital para emponzoñar las mentes de los niños con sus teorías modernas», refunfuña entre dientes marrones y podridos. El maestro, al parecer, estaba lejos de ser popular en la región desde que tildó de bárbaro el uso de sanguijuelas por vía rectal para prevenir la peste bubónica (que aún colea en la comarca) y luego se empeñó en impedir la boda entre dos herederos latifundistas sólo porque tenían nueve y dos años respectivamente. Nadie en el pueblo le echa de menos: «Puede quedarse sus chismes electrónicos, sus medidas de higiene y sus derechos humanos», dice el rector, en tono burlón. «Si queremos alguno de esos inventos judíos, ya iremos a cogérselo cuando vayamos a retomar Jerusalén.»