De la anticiclónica serie «‘El Jueves’ investiga: ¿Qué fue de...?»
He-Man: «¡Por el poder de Gayskull! Ven que te firme un autógrafo, marinero»

Existen padres de familia, triunfadores, multimillonarios de la noche a la mañana y supervivientes de cáncer para quienes el día más feliz de sus vidas fue cuando sus padres les regalaron el Castillo de Grayskull. Eso resume el impacto que el universo de He-Man, en forma de línea de juguetes de Mattel, causó en una generación. Ídolos así no mueren: He-man sigue vivo y no falta a ninguna de las convenciones que sus fans, hoy treintañeros con poca intención de madurar, organizan periódicamente. La de este año tiene lugar en el Death Swamp Inn & Spa, Florida –un paisaje pantanoso de aguas mefíticas y árboles negros, escogido por su semejanza con la Ciénaga del Terror, en el hemisferio oscuro de Eternia. El lugar es sórdido como pocos, y perdemos nuestro coche de alquiler en un lodazal, pero cuando avistamos el hotel, nos consuelan el ambiente festivo, la gente sonriente y los arco iris.
Reparados del penoso viaje, recién duchados y con camisa limpia, bajamos al salón, tomamos un vaso de ponche y nos mezclamos con los invitados. No pocos se han disfrazado como su héroe de la infancia, disfraz que les ha costado poco en accesorios pero mucho en horas de gimnasio. Es obligado comprar el calzón de pelo oficial de la convención (una camiseta tendría poco sentido). Los fans se distraen en la sala de baile pop, probándose ropa o disfrutando de los tratamientos para la piel en el spa. Empezamos a percibir una nota de color inesperada en el ambiente. Pero son las siete: hora del meet & greet con He-Man en la sauna.
«El Castillo está estupendo; lo redecoré yo mismo. Por fin convencí a mi padre de quitar esa calavera de la puerta. Era taaaaan Hyborian Fifties...»
Nuestro héroe ha optado por un decoroso batín blanco y dorado. Ocupa un sillón de cáscara de huevo, piernas cruzadas a lo Emmanuelle. Cringer, su enorme gato, reposa meloso a sus pies. «Ah, pasad, pasad», nos saluda. «Me han comentado que queríais entrevistarme para una revista española... ¿Zero, tal vez? ¿No? Ah, El jueves... No me suena. Bueno, adelante. ¿Sois pareja? ¿No? Sólo preguntaba.»
La entrevista ha de ser breve: los fans hacen cola para intercambiar besos con el príncipe de Eternia, que nos cuenta cómo van las cosas por su planeta: «Todo muy bien, muy tranquilo. El Castillo de Gayskull está estupendo; lo redecoré yo mismo el año pasado. Por fin convencí a mi padre de quitar esa calavera horrenda de la puerta. Era taaaaan Hyborian Fifties...».
Justo en ese momento, Skeletor, el invitado sorpresa, sale del agua. Nunca dejó de asombrarnos, siendo niños, que un hombre con calavera por cabeza tuviera tantos músculos y venas en el resto del cuerpo, y nos asombra aún más por la zona del cuerpo que acabamos de ver ahora. «Parecéis un poco tensos», comenta. «Vuestra primera convención, ¿verdad? Recuerdo cómo me sentí yo cuando vine a una de estas por primera vez. Antes me sentía tan solo, y de pronto descubrí que había tanta gente como yo... ¡Me cambió la vida!»
Quizá Skeletor tenga razón. Sí, nos sentimos un poco fuera de lugar, pero, por otro lado, todos los que estamos aquí jugábamos a recrear las aventuras de un hombretón rubio y musculoso montado sobre un enorme felino: algo tenemos en común. Esta noche, en la sala de baile, durante la fiesta «Eternia meets Age of Aquarius», nos sentiremos como en casa.
