Jubilus
Balance policial de la F1
Las Fuerzas de Seguridad muestran síntomas de cansancio por la abundancia de eventos multitudinarios en Valencia
En una sala pequeña, mal iluminada y con un ligero olor a humedad (en las antípodas del lujo y el glamour que se pudo ver en el circuito el fin de semana), un portavoz de la Policía Local con semblante muy serio informó sobre la actividad delictiva registrada durante el Gran Premio de Europa de Fórmula 1. En primer lugar detalló los hurtos sufridos: cuatro silbatos, un par de walkie-talkies, seis talonarios de multas, tres juegos de esposas con sus respectivos detenidos y, el más doloroso, un vehículo quad recién estrenado al que se le perdió la pista en la playa de la Malvarrosa.
En el capítulo de desperfectos lamentó la avería del radar, regalo de la DGT, que unos agentes se empeñaron en llevar al circuito. Lo malo, añadió, es que temen que no quieran darles uno nuevo porque el año pasado ya rompieron otro en las mismas circunstancias.
Mención especial merecieron dos apartados: el de agentes arrojados al agua, 23 en total, lo que se acerca peligrosamente a las cifras de la Copa América; y las bajas, porque casi tienen una: Se trataría de una agente que quedó prendada de Flavio Briatore y, en un arrebato, decidió dejarlo todo para seguir el circo de la Fórmula 1 a bordo de un yate (de momento permanece retenida en dependencias policiales por expresa petición de su familia, en especial de su marido, el señor comisario).
Para terminar de mostrar lo ingrato de la profesión policial, el portavoz se quejó de la incertidumbre que les dominaba porque esa misma tarde estaba prevista la celebración del sorteo ante notario que decidirá qué agentes se encargarán de dar explicaciones a la alcaldesa, la señorita Barberá.