¡Mallorca se hunde!
La isla gana peso por la construcción desbocada, la afluencia turística y el cambio de los cuerpos Danone por lorzas Paellador

El estudio de los expertos Hastings & Barmann, de la universidad de Leipzig, no deja lugar a dudas. Hasta ahora creíamos que la isla de Mallorca estaba perdiendo metros de playa en todo su perímetro por la subida del nivel del mar, a consecuencia del efecto invernadero. Tal conjetura, que ya no pintaba un futuro halagüeño, se ve ahora reemplazada por otra peor: no es que el agua esté subiendo, es que la tierra está bajando: Mallorca se hunde. A razón de diez centímetros al año.
Las causas de este fenómeno no escaparán a nadie informado: de todos es sabido que la isla no ha hecho más que ganar peso en los últimos cincuenta años. La primera causa, por supuesto, es la edificación masiva de apartamentos y macrohoteles, precariamente amontonados unos sobre otros en el litoral. En un segundo plano se halla la afluencia masiva de turistas del continente; en particular, alemanes que vienen por un mesecito y acaban instalándose para los restos, en lo que los demógrafos ya llaman la segunda oleada de la invasión visigoda. Y en tercer lugar, la tendencia al sobrepeso de locales y foráneos, propiciada por la comida basura que acompaña a los grandes complejos turísticos de tercera.
Según el estudio, en caso de acabar enteramente bajo las aguas, Mallorca no sería la primera isla cuya política de laissez-faire hacia el turismo le cuesta la flotabilidad. Hastings & Barmann comparan la mayor de las Baleares con otro destino vacacional popular en el mundo clásico. Se llamaba Atlántida, y hace un par de milenios, los chiringuitos y las tiendas de souvenirs llenaban de colores fosforitos y música pachanguera las calles, hoy sumidas en la oscuridad del fondo oceánico. Es el mismo destino que espera a Mallorca, si no le echamos un lazo. Y, francamente, echárselo para hundirnos con ella sería del género tontuno.