Hosteleros planean usar armas atómicas para variar la órbita terrestre y alargar el verano
«Este agosto ha sido flojillo... pero tenemos los fondos y los medios para compensarlo»

Para no variar, el gremio de hosteleros, en su habitual declaración del 1 de septiembre, imprimió una nota de desánimo en la que publican un balance del periodo vacacional siempre tan pesimista como insolicitado. A nadie le sorprendió que calificaran agosto de 2009 como un mes «flojillo», adjetivo empleado incluso en años de ocupación hotelera superior al 400%. Lo que sí nos choca es su brusco paso del victimismo a la villanía cuando insinuaron, frotándose las manos, que tienen los medios para alargar la temporada y hacer cuadrar los números, así como la novedad de acabar su declaración con una escalofriante carcajada, tal que así: «¡MWA-HA-HA-HA!»
Pese a su aparente hilaridad, la amenaza de los hosteleros no es cosa de risa. Investigaciones de El Jueves han descubierto una estrecha comunicación entre la elite de la industria turística española, con sede en Valencia —ciudad con gran tradición de supervillanos— y el gobierno de Kim Jong Il en Corea del Norte. Las piezas comienzan a encajar. Para el profesor Wolfgang Woldarg, doctor en física por la Universidad de Nueva Guinea y con karma de 1.200 en Menéame, las intenciones de los hosteleros son diáfanas: «Imaginen una explosión nuclear de varios millones de megatones en la superficie terrestre: no sería una hecatombe muy distinta de aquel impacto de meteorito que causó la inclinación del eje terrestre, en la pubertad de nuestro planeta. Si gracias a nuestro eje inclinado el año terrestre tiene cuatro estaciones, un eje recto podría alargar el verano hasta 6 meses. Quizá más si el zambombazo acercara la órbita de la Tierra al Sol. Los hosteleros cuentan con todo esto.»
¿Cuentan también los supervillanos de la Costa del Sol con que la hecatombe nuclear aniquilaría todo un hemisferio? «No lo sabemos», afirma Woldarg, «pero probablemente tengan en consideración el invierno nuclear que conllevará la hecatombe. Sin duda los resorts de esquí también sacarán tajada de todo esto.»