La mascota de moda tiene sus pegas
Los perros carlinos explotan
Un solo animal de 10 kilos causó seis muertos y se llevó por delante un bloque de pisos en Cerdanyola

Casi siempre que una especie animal gana popularidad entre los humanos, suele ser para su perjuicio. Los rinocerontes aún lamentan el día en que algún descerebrado atribuyó propiedades afrodisíacas a sus cuernos; la moda de adoptar crías de cocodrilo dio lugar a una desafortunada raza de reptiles ciegos en las alcantarillas. Hoy nuestro antojo son los carlinos, esa raza de perros achaparrados, carapanes y bonachones que se han convertido en la mascota de moda.
Reseñados en revistas de moderneo, introducidos en spots de televisión y sesiones de modelaje, estos chuchos apacibles, transportables y con eterna cara de luna de Méliès sonriente se han convertido en el complemento gafapasta indispensable, junto con las Converse y el jersey de pico. Desgraciadamente, contra la creencia de sus propietarios, los perros son putos seres vivos, no accesorios borreguiles, y exigen cuidados más escrupulosos que ser guardados en un cajón, como nutrición, dos paseos al día y visitas al veterinario. La negligencia de muchos amos, junto con la sombra de un destino atroz para la especie cuando se pase de moda, ha llevado a la naturaleza a dotar a los carlinos de un mecanismo de defensa. O mejor dicho, un ataque kamikaze para bajarnos los humos a la «especie dominante».
En otras palabras: cuando el carlino está a punto de morir por desatención de su propietario, explota. Así de simple y drástico, como a mamá naturaleza le gusta.
Cuando el animal va a morir por desatención de su amo, ingiere un cóctel explosivo y se sienta al sol a esperar su final.
Pese a que van diez casos registrados en toda España, la ausencia de supervivientes dificulta el estudio de este fenómeno. Sabemos que las víctimas (humanas) eran moderneques liberales del mundo del diseño, la moda o el arte de vanguardia, y que habían escogido a sus mascotas por pura estética. El trato con sus perros iba desde la completa ignorancia hasta casos flagrantes de tortura —una de las propietarias llegó incluso a hacerle escuchar a Amaral—. En estos casos, cuando el carlino siente cercano su fin, el instinto le induce a ingerir un cóctel explosivo con lo que encuentra por casa (en muchos casos, los bomberos detectaron restos químicos de bicarbonato, azufre y chorizo de Cantimpalo), y se tumba al sol a esperar su espectacular final.
La Sociedad Protectora de Animales ya ha advertido al público que, si quieren mascotas fashion, se compren un tamagotchi, «que los animales son seres vivos y, además, la mayoría tiene mala hostia».