Pozuelo prohíbe los botellones, pero los botelloneros dicen que volverán
¿Quién puede más? Siga la fascinante lucha entre un consistorio y un grupo de postadolescentes hiperactivos

Para alegría de tertulianos, opinólogos y vendedores de licores espirituosos, la Guerra del Botellón de Pozuelo está lejos de terminar. El Ayuntamiento pozuelero (gran gentilicio) ha prohibido el botellón en lo que queda de fiestas. Pero los practicantes de este moderno rito se niegan a plegarse a las ordenanzas municipales. «Volveremos a beber en la calle», ha dicho uno, no sabemos si el mismo que contaba que el pasado fin de semana había sido el más divertido de su vida, lo que permite deducir que los jóvenes de Pozuelo no practican mucho el sexo. «Esto no debe quedar impune», dice Esperanza Aguirre. «¿Cómo que ha quedado impune?», se pregunta retóricamente un botellonero, «¡yo tuve una resaca de dos días!». «Eso es por mezclar», matiza otro, «por mezclar bebidas blancas con cargas policiales, concretamente». «En mis tiempos esto no pasaba», dice un preocupado padre pozuelero, «nosotros cuando bebíamos era con fines políticos». «Búscate un trabajo honrado», dicen las no menos preocupadas madres, «o sé comisionista, como tu padre. ¡Pero deja de beber a nuestra costa!».
El caso es que los botelloneros se están dando cita por medio de las denominadas redes sociales (tal vez se debería impedir que se conectaran a Internet) y verbalmente (tal vez se debería impedir que hablaran), y el próximo fin de semana puede ponerse calentito.
«¡Está bien!», dicen en el Ayuntamiento. «Si van a volver a beber en las calles, ¡nosotros también lo haremos! Les quitaremos las mejores plazas para hacer la botellona, y a ver si son capaces de echarnos. A ver, el concejal de Urbanismo, que pille las cocacolas, y el de Cultura, que pille el whisky. Pero en los chinos, que hay crisis.»