La selección de básquet hizo disparar el cagómetro
El sufrimiento no viene sólo del juego del equipo, sino también del hecho de que el partido fue en horario de oficina para muchos españoles

España. 18 horas, 15 minutos. Decenas de curritos hacen como que trabajan (al fin y al cabo, su horario ha terminado hace mucho, pero tienen que seguir en sus puestos de trabajo; alguien ha de levantar el país) mientras escuchan (o ven) el decisivo España-Eslovenia del Europeo de Polonia. A medida que avanza el partido y la selección sufre, los curritos abandonan toda precaución y acompañan con gritos y aspavientos las vicisitudes del encuentro. Da igual. Los jefes, encerrados en los despachos, también están viendo el partido. Mientras, los becarios se encargan de todas las complejas labores de jefes y subalternos, ya sea repartir pizzas, controlar fusiones bancarias o dirigir el tráfico aéreo en Barajas.
Prórroga. Los Pau, Rudy, Navarro y Reyes aciertan, España vence y se clasifica para la siguiente fase. Todos los trabajadores vuelven a sus tareas o a sus casas, menos uno, que ha muerto de la emoción, pero, como normalmente es muy serio, nadie nota la diferencia. En Polonia, el cabello de Scariolo, tieso desde el primer partido contra Serbia, se retrae lentamente hasta su posición original.
«P'habernos matao», comentan los jugadores. «Hemos jugado a gran nivel», apunta Reyes, tal vez afectado por su notabilísimo esfuerzo. En cualquier caso, la selección se ha salvado del fiasco absoluto y afronta la segunda fase con mejores sensaciones. A ver qué pasa.