Homenaje a Belén Esteban (o algo así)
Le cantamos una canción por si le quitan a Andreíta
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Una señal inequívoca de que el fin del mundo está próximo es que tenemos que perder el tiempo hablando de Belén Esteban. Para los pocos afortunados que no la conozcan, la susodicha es una mujer cuyos máximos méritos han sido casarse con un torero famoso, tener una hija y vomitar mierda a cambio de un buen sueldo. No está nada mal, para no tener estudios.
La cuestión es que la Esteban, cuando no tiene de qué hablar, airea a los cuatro vientos la vida de su hija. Al ser la chiquilla una menor, y al existir un señor que se hace llamar el Defensor del Menor, sólo era cuestión de tiempo que le dieran a Belén un toque de atención. Si sigue utilizando a Andreíta como fuente de inspiración de todos sus relatos, lo mismo se la quitan. Y eso sería dramático, más que nada porque se quedaría sin nada que contar.
Que esta mujer supura ordinariez por los cuatro costados está fuera de toda discusión (y los que creáis que esto no es así, que de todo hay en la viña del señor, aquí debajo tenéis el espacio para los comentarios). En todo caso, seguro que ella no tiene la culpa de que le paguen por demostrar, día sí día también, que, si de pequeños nos dicen que estudiemos, es por algo. Y le hemos dedicado una canción hasta con cariño, que tan cabrones no somos. Sólo a veces.