Gürtel vertebró España: la investigación llega a Castilla-León
Ni la selección de fútbol, ni la de baloncesto, ni el AVE, ni el himno, ni los toros, ni nada: nuestra esencia es Gürtel

Mira por dónde, tal vez estemos llegando a la respuesta de la metafísica pregunta que agobió a la Generación del 98: ¿Qué es España? ¿Eh? Pues bien, España parece ser el sitio en el que pasa lo de Gürtel. Ya se sabía que la presunta trama corrupta se había extendido por Madrid, Valencia y Galicia, y ahora, según un informe policial del que se hace eco El País, parece que los chicos de Francisco Correa tuvieron tratos con el Gobierno de Castilla-León. Siempre presuntamente, una constructora castellana pagó 72.000 eurillos (una minucia, considerando los precios de estas cosas en otras comunidades) en billetes de 500 a Correa, que a su vez los repartió entre varios cargos del PP, a cambio de la adjudicación de una obra.
¿Es que no hay gobierno autónomo en el que no haya metido las zarpas esta gente? «Es que no sólo regalan dinero y otras cositas», nos comenta un presunto implicado, «es que, además, son cariñosísimos». «Ya sabemos que estas cosas quedan feas», nos admite un alto cargo popular, «pero hay que reconocer que lo que no consiguieron ni el Estado de las autonomías ni la Constitución ni nada, lo está consiguiendo Gürtel: la vertebración del territorio patrio. Casi todos los políticos de todas las autonomías están unidos, luchando por un objetivo común: forrarse. Y no es por nada, pero la mayor parte, que se sepa de momento, son de nuestro partido. Sí, los socialistas tienen sus corrupciones, pero van cada uno a la suya, grosera y egoístamente: cómprame este tránsfuga por aquí; enchúfame a esta hija por allá, tente mientras cobro... nada pensado ni patriótico, como lo nuestro».
Mientras tanto, Mariano Rajoy se sigue tomando con tranquilidad estas informaciones. «Pues mire usted, qué quiere que le diga. Si, con todo lo que sale, seguimos disparados en las encuestas, a partir de ahora, sólo pueden pasar dos cosas: que se demuestre que los nuestros no estaban pringados, lo que es bueno; o que se demuestre que algunos sí estaban pringados, con lo que, probablemente, visto lo visto, arrasemos en las elecciones. O no.»