Milagro de la astrofísica y la ingeniería fiscal
Crea un agujero negro en la contabilidad de su empresa y muere absorbido por él

En la dirección que consta como sede social de Patrastrosa S.A. (calle del Actor Pollino, 57, Gerona), los visitantes pueden contemplar un agujero negro de unos cincuenta metros de perímetro, e incluso experimentar por sí mismos la deceleración del tiempo según se acercan. Alrededor del solar, los últimos escombros rojizos del edificio orbitan, suspendidos en el aire, en torno al horizonte de sucesos. Este es todo el legado del empresario catalán Félix Boneda, desaparecido la semana pasada en el agujero virtual que él mismo abrió en la contabilidad de su compañía.
A sus cincuenta y pico años, Boneda había conocido varias veces la fortuna y la miseria. Dedicó toda su vida a levantar empresas que eran meras pantallas y tejer una intrincada red de sociedades dedicadas a servicios abstractos, impalpables y sumamente lucrativos. Con el tiempo, se volvió más y más ambicioso, hasta el punto de que su última creación, Patrastrosa S.A., (anunciada como «proveedora de soluciones de excelencia en gestión de procesos y sistemas»), se aguantaba en pie como un castillo de cartas: el 120% de su capital fue transferido a los bolsillos del propio Boneda, que iba rellenando el agujero con mierda, dicho en jerga financiera. La compañía se colapsó el pasado martes, fecha en que la masa del agujero bastó para absorber empresa, empresario y edificio entero, convirtiendo todo un bloque de oficinas, de tres pisos más tres plantas de garaje, en materia degenerada.
La investigación de los trapicheos de Félix Boneda ha pasado de la Fiscalía Anticorrupción a la NASA. Aunque los científicos están muy interesados en sondear el agujero negro de Patastrosa, se muestran escépticos respecto a la posibilidad de recuperar siquiera parte del dinero extraviado. «De todos modos», sugieren, «si el ayuntamiento potenciara el agujero negro como atracción turística, algo sacaría.»