De la positrónica serie «‘El Jueves’ investiga: ¿Qué fue de...?»
Horacio Pinchadiscos: «¡La vida es bella en el Asilo de las Marionetas Olvidadas!»

En nuestra larga experiencia como reporteros del «Qué fue de», hemos viajado por desiertos, suburbios y reservas nudistas perdidas entre acantilados. Pero ninguno de esos lugares supera en exotismo a la Residencia La Felpa, en la minúscula isla de Vagunu Reefs, a veinte millas de Florida. Aislada del mundanal ruido, y ufanamente anunciada como «100% libre de polillas», esta institución fundada en los años sesenta por el animador Jim Henson es conocida, con una mezcla de misterio y reverencia, como el Asilo de las Marionetas Olvidadas. Y contamos con un guía de excepción: el DJ del programa infantil Sabadabadá, Horacio Pinchadiscos.
Horacio nos recibe en el muelle cuando bajamos de la lancha motora, y emprendemos el suave ascenso hacia el edificio blanco que corona el islote. Todo el territorio está adaptado a minusválidos, puesto que Horacio, como muchos otros habitantes de la residencia, carece de extremidades inferiores, y a falta de marionetista, debe desplazarse en silla de ruedas. «Pertenezco al tipo que aquí llaman legless o ‘sin patas’», nos cuenta Horacio, a quien le faltan piernas, pero no ganas de charlar. Quiere ponerse al día de los cotilleos sobre antiguos colegas de plató, y no escatima confidencias: «Mayra Gómez Kemp nunca fue la misma desde que la llamaron del Un, dos, tres. Menudos humos gastaba. Nunca mejor dicho, porque fumaba comY los Parchís, ¡puf! Estaban peleadísimos: detrás de la cámara, ni se hablaban. Y Torrebruno, un timo: le daban un micrófono más grande para que pareciera pequeñito. ¡En realidad era alto!»
Apenas podemos proseguir la conversación cuando llegamos al salón de la residencia: el jaleo es fenomenal. Imaginen juntos en la misma leonera a Los Fraggle de Fraggle Rock, el perro del Cuentacuentos, los Teleñecos, los Thunderbirds, medio reparto de Dentro del laberinto, los muñecos de José Luis Moreno ciscándose en su creador («el muy cabrón sólo viene a vernos cuando tiene una gala... ¡Que gracias a nosotros eres alguien, Moreno!»)... Están todos, persiguiendo a las enfermeras, robándose las pastillas y peleándose como sólo un muñeco blandito puede encajar los golpes. «Muchos de ellos son huérfanos, porque sus operadores murieron hace tiempo», cuenta Horacio. «Otros han sido abandonados o esperan un nuevo papel... Si le digo la verdad, yo aún espero que ofrezcan un programa musical... Claro que con la mierda de televisión que tenéis ahora en España, que es todo corazón y prensa amarilla, está difícil. Pero qué más da: ¡la vida es bella en el Asilo de las Marionetas Olvidadas!»