A Woody Allen le hace las películas un negro
No nos referimos a un señor de color, sino a una persona que finge ser él

Woody Allen es uno de los directores de cine en activo más prestigiosos. A sus 73 años, consigue sacar película nueva cada año. Él se encarga de escribirla, de dirigirla y, en ocasiones, incluso de protagonizarla. Además, escribe y dirige teatro. Algunos creían que se trataba de un volumen de trabajo excesivo para un señor al que, por edad, más bien le tocaría estar haciendo excursiones de esas en las que te quieren vender colchones. Y tenían razón. Ayer se supo que Allen se retiró en 1992, después de completar Misterioso asesinato en Manhattan. En todos los filmes posteriores sólo ha firmado sin estar, al más puro estilo Matt Groening con Los Simpson.
La estafa se destapó gracias a la confesión de uno de sus colaboradores más íntimos, que ha estado encubriéndole todo este tiempo, pero no podía aguantar más. El hombre, cuya identidad no ha trascendido y al que llamaremos señor X (aunque es poco probable que sea Felipe González) reveló a la prensa que el sustituto de Woody Allen, un principiante recién salido de la universidad, tuvo que someterse a cirugía estética para reconstruírse la cara. Se le dió un manual de instrucciones con lo que tenía que aparecer en los filmes (judíos, sexo y tipos fracasados en general) y a partir de aquí le dejaron vía libre. El falso Allen, no obstante, se excedió en sus libertades. En el estudio le dejaron claro que viviría por y para el cine, y que no podría entablar relaciones sentimentales con nadie. A tal efecto, el Woody original fingió su separación con Mia Farrow, con la que aún convive. Sin embargo, el sustituto se enamoró de Soon-Yi Previn, una chica que resultó ser la hija adoptiva de Farrow (y, por extensión, también de Woody Allen), y no contento con esto se casó con ella, dando al mundo una imágen no precisamente buena. El Allen original tuvo ganas de ir a partirle la cara a su doble, pero sintió vértigo con la idea de pegarse a si mismo y, además, ese día no podía porque tenía una excursión donde promocionaban colchones.
Cuando le preguntan al señor X por qué fingieron todo esto y no dejaron simplemente al sustituto desarrollar su carrera con su propio nombre, contesta sin vacilar: se lo hubieran comido vivo. "El chaval es bueno, hace pelis que están muy bien, pero también algunos bodrios infumables, y la crítica le hubiera machacado. En cambio, si decimos que ha sido Woody Allen, no hay cojones de decir que eso es malo. Se limitan a calificarlo de obra menor". Un plan malvado, sin duda, que también estaba pensado para que el nombre de Woody Allen se rentabilizara eternamente. "Cuando el actual tuviera ganas de retirarse iban a poner a otro, a decirle que escribiera películas con chistes de judíos y santas pascuas. Si no fuera por mí, esto habría seguido para siempre” dice el señor X, aunque a continuación matiza: “De todas maneras, es probable que algún día la gente se hubiera dado cuenta de que allí había algo que no cuadraba, de que Woody Allen seguía haciendo una peli anualmente a pesar de tener 250 años, y eso es raro".