Dan Brown: «Con Stieg Larsson no me hablo»
Entrevistamos al churrero de los ‘best-sellers’: «Se me están acabando los colectivos misteriosos de que escribir»

Ayer salía a la venta en España la nueva novela de Dan Brown, el fabricante de thrillers trepidantes que viene a salvar a los libreros de la crisis. El símbolo perdido, que ya batió récords de ventas en EE.UU. tratará sobre la masonería en la historia de los Estados Unidos. «Se me acaban los colectivos históricos con aura de misterio», confiesa Brown: «Los templarios, los Illuminati, los masones... Creo que la próxima irá sobre los Hombres G, que son otro grupo que tuvo mucha relevancia y nadie entiende por qué.»
A Dan Brown le resbalan las críticas sobre la (supuesta mala) calidad literaria de sus novelas: «Envidia cochina», se limita a replicar mientras se limpia la cera de las orejas con un billete de quinientos euros enrollado. Y añade: «Que esas críticas vengan de España, donde tienen una tasa de analfabetismo como para matar de risa al tercer mundo, tiene guasa. Sus escritores se pasan el día lamentándose de que la población no lee; luego la población compra cinco millones de mis obras, y entonces se quejan de que esa literatura es mala. Amigo, si esos ególatras sin talento son su elite cultural, no sé cómo no les mandan a tomar por culo.»
Razón no le falta. Brown se mueve en una esfera más allá de la literatura culta: la de creadores de best-sellers, un grupo selecto y no muy bien avenido. «A J. K. Rowling no la trago. Vamos al mismo club de golf, y siempre que veo su carroza tirada por pura sangres en el aparcamiento, doy media vuelta.» Otro recién llegado al club es el sueco Stieg Larsson, cuyas ventas en España serán difícilmente superadas por Brown. «¿Larsson? Otro estirado: hace años que no me llama. Pasé por Estocolmo el otro día, fui a verle y me dijeron que se había cambiado de barrio. Ya ve, el tío: antes tan amigos, y ahora se hace... bueno, el sueco, vaya. Pues mire lo que le digo: para mí, ha muerto.