Pena, rabia y algo de satisfacción mezquina, sentimientos encontrados ante la caída de un mito
A Rocco Siffredi se le gasta la polla

A sus 45 primaveras, el número de filmes del «semental italiano» oscila entre una horquilla considerable, pero incluso las estimaciones más bajas concluyen que Rocco Siffredi ha aprovechado mejor estos años que ningún otro ser antropomorfo provisto de nabo. Quizá, incluso, más de lo que la madre naturaleza tenía previsto al escoger los materiales y calcular las fuerzas a que se vería sometido el pene masculino. Las consecuencias se han hecho patentes en una revisión médica rutinaria: a Rocco Siffredi se le está gastando la polla de tanto usarla.
«No hay nada de fenomenal en el asunto», asegura el doctor Phineas Glandmore, eminente cipotólogo: «La erosión, constante y sonante, puede perforar la roca, esculpir cuevas, reducir acantilados a playas... ¿Por qué iba a salvarse de esa fuerza destructora el pene de Rocco Siffredi, constantemente sometido a fricciones?» En efecto, como la esposa de Siffredi venía sospechando de un tiempo a esta parte (respondiendo así a la la pregunta de dónde se sitúa exactamente la mítica intuición femenina), la erosión se ha cobrado su deuda en varios milímetros.
Pero el caso trasciende las fronteras de la medicina: «Hablamos de un monumento nacional, dañado por nuestra propia negligencia», ha dicho el alcalde de Cimbrelli di Nardo, ciudad natal del actor: «Tantos años de frote y roce sin protección alguna han pasado factura. Ahora Italia, incluso el mundo, la humanidad toda, está a punto de perder un símbolo de su orgullo.»
Todo esto, por no usar condón. A ver si tomáis nota, irresponsables.