Le vende shawarma al diablo
Se confirma lo que ya se sospechaba: los paquistaníes no fían.

Hoy nos hacemos eco de un hecho insólito ocurrido hace un par de semanas en la valenciana localidad de Almussafes. El paquistaní Jamal Dighal Nuncajamal se encontraba a solas y de madrugada en su negocio, la Granja Creisy, completando su habitual jornada laboral de 25 horas diarias, cuando entró por la puerta, probablemente atraído por el pestuzo a especias, el diablo en persona. Dighal, como es costumbre en él, no juzgó a su cliente por su aspecto, interesándose sólo en saber si debía rellenar la pita con pollo o con ternera. Y eso que aquel cliente le dio mala espina desde el principio. Tal vez fueran las patas de cabra o la extraña oferta que le propuso: un harén de mujeres, millones de euros, cocaína y suministro ilimitado de Cucal, por si quería mantener abierta la cafetería en el tiempo libre que le quedara. Todo a cambio de un shawarma, un refresco y, tal vez, unas patatas fritas. Dighal, ferviente musulmán, no se dejó impresionar por aquella presencia, tal vez porque aún no ha llegado a la página del Corán en la que se habla de Iblis –nombre dado al demonio en el Islam, que se os ha de explicar todo–. Además, según nos confesó el propio restaurador en un perfectamente ininteligible castellano, «esto es un negocio. Tenía que cobrarle, por principios, porque los impuestos municipales se ceban con el pequeño negocio y porque no me sale de los cojones invitar a nadie a comer por muy príncipe de las tinieblas que sea».
Y eso es todo, que no es poco. El diablo tuvo que rascarse el bolsillo. ¡4 eurazos!, eso sí, con bebida incluida. Preguntado por qué se siente al encontrarse cara a cara frente al diablo, Dighal se encoge de hombros: «No es el tío más raro al que he dado de comer».