Pedro Pastor
Censura sin mesura

Año 2009.
Franco lleva unos cuantos años muerto.
El gobierno se enorgullece de retirar cualquier símbolo de una época de la cual se avergüenza.
Y en Noviembre de 2009, censuran una película.
Tóquese usted los cojones, oiga.
¿Pero que tipo de broma es esta?¿Me van a tener que decir los señores Ministros lo que puedo ver y lo que no?
¿Cómo se puede tener la poca vergüenza de autoproclamarse demócrata?
¿Prohibir porque me parece fuerte (o porque me sale de los cojones, ovarios, etc…) es de respetar la democracia?
¿Saw VI es motivo para escandalizarse y montar estos pollos estúpidos?
Para escandalizarse es permitir que un tipejo se lleve una pensión de tres millones de euros de forma vitalicia (directivo del BBVA), y que en la capital del país haya familias de bien que tengan que comer en centros de caridad.
Para escandalizarse es gastarse un pastón en unas olimpiadas que sólo benefician y enriquecen a los cuatro jerarcas hosteleros y a los cuatro deportistas que no saben que es coger un pico y una pala.
Para escandalizarse es que en la televisión se permita bombardear al espectador con granadas mentales tipo Física o Química, Gran Hermano, y que haya cadenas de televisión que no tengan un mísero interés en otra cosa que no sea forrarse a costa de convertir borregos.
Para escandalizarse es que cuando compro un teléfono móvil, tenga que pagar un canon que va a parar al bolsillo de impresentables como Ramoncín o cualquier miembro de esta comunidad de vampiros oclócratas de alcantarilla llamada SGAE.
Para escandalizarse es que llevemos durante décadas patrocinando y aplaudiendo esa payasada medieval llamada Tauromaquia.
Y podríamos seguir escandalizándonos hasta la saciedad dentro de esta sucia sociedad.
Que una cosa es censurar las imágenes de un atentado terrorista (no creo que este punto admita discusión), pero otra muy distinta es que la ministra de turno vea una película que le revuelva las tripas. A sabiendas de que el que quiera ver la película, lo hará por Internet (eso sí, gracias a la gracia que comentamos, subtitulada)
Y este es otro de esos episodios sandios a los que nos tienen acostumbrados estos aristócratas del neolítico que dirigen nuestros destinos.
Ver para creer… y votar para enloquecer.