De la icosaédrica serie « ‘El Jueves’ investiga: ¿Qué fue de...?»
John Stamos, ‘Tío Jesse’: «Fui el padre favorito de América... ¡Pero ellas querían más que amor paternal!»

Era el adulto enrollado de Padres forzosos, el Elvis de ascendencia griega, el chulopiscinas que tocaba la guitarra y llevaba un peine encima incluso vistiendo escafandra. Era el favorito de sus tres sobrinas en la ficción, y el padre preferido por media América. «Sobre todo, la mitad femenina de entre doce y dieciocho años», afirma. «Ya, lo sé: mis fans podrían haberme costado más de un patinazo. Vivo en constante peligro. El jailbait me acecha. Ha habido momentos tensos.»
En las navidades de 1995, ya cancelada la serie, el «Tío Jesse» inició una especie de celebrity tour de beneficencia. Pasaba por orfanatos, internados y refugios infantiles en su atuendo de rockero/cachopán y era recibido aún con más alboroto que Santa Claus. En realidad, ningún gordo con barba y traje rojo conseguiría que tantas quinceañeras se sentaran en su regazo como logró John Stamos, ni más tarde, de vuelta al polo norte, a mitad de febrero, seguiría recibiendo misivas de las mismas niñas, relatándole con todo detalle cuán buenas eran y cuánto anhelan que llegue la ansiada noche en que le vean descender por su chimenea. A su paso por un reformatorio para delincuentes juveniles en Detroit, su sola presencia causó un motín en el pabellón femenino que terminó con seis guardias muertos y un rescate en helicóptero.
La experiencia fue una lección para él. Responsable, decoroso y, sobre todo, poco inclinado a perder su vida en la cárcel, Stamos comprendió que involuntariamente había alcanzado una posición de icono sexual entre las menores de edad que podría corromper su orgullo, su espíritu y su moral: «Tenía que alejarme de la tentación, o la tentación me llevaría a chirona», confiesa, permitiéndose un acceso de argot ochentero. Y así lo hizo: hemos tenido que venir a buscarle al monasterio de Kim Plao, en la frontera chino-nepalí, donde ha vivido dedicado a la oración los últimos años.
Sin embargo, el peligro ha pasado. «Aquellas niñas se han convertido ya en mujeres, y yo ya he rezado bastante. Ahora puedo desquitarme», anuncia, quitándose la capucha del hábito y pasándose el peine por su cabeza afeitada. «¿Por dónde se va al aeropuerto? Me espera un congreso de fans nostálgicas en Pasadena.»