Eneko Huarte-Mendicoa Fiol
El estornudo
Como un estornudo puede llevarte a un cementerio nuclear
Andaba esta mañana Alonso Quijotano (también llamado Alonsín que ahora está de moda) cuando le entro un picor en la nariz y pegó un estornudo tan morrocotudo que la gente en un radio de 20 metros se giró.Salud – dijo uno
¿eh? – respondió Alonsin
Saludo – volvió a decir Uno
¡ah!
Seguidamente la gente empezó a desaparecer. Algunos señalaban al cielo diciendo “¡A! ¡ha dicho A!”. Alonsín atónito por la reacción de sus conciudadanos y, porque no decirlo, aturdido por su estornudo morrocotudo se quedó parado sin saber reaccionar. Simplemente dijo:”¿eh?”.
En breves minutos aparecieron dos guardias urbanos que se pusieron a dar vueltas a su alrededor.
¿Como esta? – dijo un guardia urbano
Aturdido – respondió Alonsín
El ruido de las radios empezó a ser más elevado : “le duele la cabeza” oyó decir a uno de los urbanos (que no pitufos, no los confundamos).
Dos minutos más tarde un par de dotaciones de ambulancias frenaron a pocos metros de Alonsín. Antes de que se diera cuenta de qué pasaba dos tipos de blanco salieron de las ambulancias con un caza mariposas gigantes.
Alonsín se encontró a sí mismo metido en una bolsa de plástico dando tumbos dentro de una ambulancia mientras el conductor decía por radio:”prepara tres vacunas, traemos un infectado de la gripe A”.
Y así por un estornudo morrocotudo y por contesta “¡ah!” justo después, Alonsín acabó metido en una sala de cristal bajo observación médica encima de un cementerio de basura nuclear que es el único emplazamiento donde los ciudadanos conscientes y responsables dejaron instalar el observatorio de la famosa y contagiosa gripa A… ¿eh?... A…¡ah!