De la telegráfica serie « ‘El Jueves’ investiga: ¿Qué fue de...?»
Máximo Pradera: «Soy el Rey Midas de la televisión... Sólo que al revés»

Máximo Pradera: Sólo tengo tres minutos, dense prisa.
(Un inciso: nos encontramos en el despacho del Sr. Pradera en las oficinas de Producciones Pradera & Gestmoney, en Madrid. Un ventanal gigantesco mira a las torres Kio y Máximo, al entrar, nos ha sorprendido usurpándole su sillón de mandamás, en el que caben holgadamente nuestros dos culos (redactor y fotógrafo), al frente de una mesa del tamaño de Arkansas.)
El Jueves: Señor Pradera, muchas gracias por habernos concedido este interviú.
MP: Dos minutos cincuenta segundos.
EJ: Vale, ataco: nos ha sorprendido saber que tiene usted una agenda tan apretada, teniendo en cuenta que nos pensábamos que llevaba usted como un lustro sin dar palo al agua.
MP: Dos minutos cuarenta...
EJ: Er, la pregunta era, ¿en qué trabaja?
MP: Fundé mi propia productora, como puedes ver, y desarrollo y vendo nuevos formatos para la televisión.
EJ: ¿Por ejemplo?
MP: ¿Recuerda Las gafas de Angelino?
EJ: ¿Aquel que duró semanas? Vagamente.
MP: Pues era mío. ¿Rompecorazones?
EJ: Ese duró días.
MP: También era mío. ¿Ellas y el sexo débil?
EJ: ¿Aquella deyección escrita por Ana Obregón?
MP: Yo colaboré en el desarrollo del guión, a partir de una idea de Ana. De hecho, la idea era una hoja arrancada de una agenda en la que ella apuntó: «Guión: salgo yo y me pasan cosas.»
«Yo desarrollé el guión de 'Ellas y el sexo débil' a partir de una idea de Ana Obregón. La idea era una hoja en la que ella apuntó: "Guión: salgo yo y me pasan cosas".»
EJ: Y tanto que pasaron: cancelaron la serie en un tiempo tan breve que sólo se puede medir en fotones. ¿Nos pasamos de suspicaces, o detectamos un patrón en el éxito de sus series?
MP: Nada de patrón: es mi sello de calidad. Todos mis programas son mierda. Y si no lo son, cuando pasan por mis manos son convertidos. Me llaman el rey Midas de la televisión. Sólo que al revés.
EJ: ¿Me está diciendo que su trabajo consiste en crear deliberadamente grandes fracasos?
MP: Un minuto.
(...)
MP: ¿Siguen o no?
EJ: ¿No ha pedido un minuto?
MP: No, era el tiempo que les quedaba. Ahora menos.
EJ: Pero, ¿existe un mercado de fracasos, y es rentable?
MP: Joder, ¿no ha visto la parrilla últimamente? Programas que desaparecen en un intermedio, los hay a patadas. Proyectos millonarios, borrados en la primera noche. Todo esto no se hace solo.
EJ: ¿Y cómo es posible que alguien le encomiende gestar programas que con seguridad serán abortados?
MP: Le pondré un ejemplo: ¿sabe cómo fundé esta empresa? ¿Recuerda mi primer programa en solitario, Maldita la hora?
EJ: Primero y único.
MP: En efecto: Antena 3 lo retiró de la parrilla a los dos días. Pero gracias a él levanté esta empresa. Había firmado contrato por diez años, se hiciera programa o no. Aún cobro mi sueldo. Ahora ayudo a otros productores a hacer lo mismo: crear y vender un programa tan malo que será cancelado y seguirán cobrando sin trabajar.
EJ: Eso está muy bien para el presentador; pero los técnicos, cámaras, etcétera, se van a la puta calle antes de cobrar su primer sueldo.
MP: Amigo, ¿se cree que soy un filántropo? Le daré una pista: trabajo en televisión.
EJ: Parece que le ha ido bien. ¿Cuál es su secreto?
MP: Cero.
EJ: ¿La Coca-cola? Pero si está gordaco.
MP: No, cero segundos es el tiempo que le queda. Márchense de mi oficina y digan a Carolina Ferre que pase. Es mi colaboradora: presenta casi todos mis fiascos.
(La doble puerta del despacho se cierra a nuestras espaldas. En la antesala suena La chica de Ipanema y huele a dinero. Sobre una mesilla hay una escultura de Antoni Tàpies que a nuestros ojos profanos parece un cagarro fosilizado. Seguramente lo es. Una forma de decir: «Sobre esta piedra yo, Máximo, he levantando mi imperio.»)