Adaptan en ópera ‘La jungla de cristal’
«Wagner se lo habría pasado teta», afirma el productor Jerry Bruckheimer

Los melómanos están de enhorabuena, dejando aparte la desgracia de tener un nombre colectivo tan feo. Hacía tiempo que el género de la ópera necesitaba un reciclaje, y de ello se ha encargado el reventador de taquillas de Hollywood, Jerry Bruckheimer, que el pasado viernes llevó con éxito al Lincoln Center de Nueva York su último despropósito: Die Hard, die Oper, o La jungla de cristal, ópera en tres actos.
Para Bruckheimer, el salto del cine a la ópera no ha supuesto mucho más que vadear un charco: «La ópera me es un territorio familiar: grandiosa, emocionante, previsible y cara, no es tan distinta de mi idea de una buena película.» Sólo había que actualizar el género: «Lo de la princesa nibelunga interpretada por una señora de 200 kilos que se pasa una hora para decir “me han matao” ya es muy de siglo XIX. Necesitábamos historias nuevas que hereden la misma épica.» Y la historia elegida fue la primera entrega de las aventuras de John McLaine. De la adaptación musical se encargaron Don Davis y Juno Reactor, mientras que el guión pasó por manos de 120 guionistas consecutivos para adaptar la película al escenario.
El estreno reunió a 2.500 miembros de la alta sociedad de Manhattan. La entrada fue un auténtico desfile de celebridades en esmóquines y elegantes vestidos de noche, cargados de enormes cubos de palomitas. El reparto contaba con el tenor Marco Colombini en el papel de Bruce Willis y el austríaco Wilhelm von Bratwurst como el villano interpretado por Alan Rickman. Una obra faraónica de 30 millones de dólares había convertido el escenario en las tres últimas plantas de la torre Nakatomi. Participaron cuarenta acróbatas, aparte de conductores en escena, tiradores con fuego real y el bailarín en llamas. La orquesta arrancó ovaciones en pie en las escenas del poli negro y cuando McClaine tira el C4 por el hueco del ascensor. La explosión final de la azotea causó doce heridos entre el público. Los supervivientes aplaudieron hasta desollarse. Fue un espectáculo con mayúsculas. Bruckheimer declaró: «Wagner se lo habría pasado teta.»