En Suiza no son racistas pero sí gilipollas
Grupos políticos dicen que les sobran los minaretes
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Dicen que la famosa neutralidad suiza, basada grosso modo en una premisa tipo «si me escondo en el centro del continente entre las montañas y no hago ruido, me libraré de los marrones de la Unión Europea e igual hasta me ahorro alguna guerra mundial», se cimenta y reproduce en un carácter ciudadano más bien conservador, tirando a rancio. Ya sé que no es un profundo análisis de la psique helvética, pero cojones, somos El Jueves, no la revista Time. En realidad, cómo sean los suizos nos da igual; le da igual a todo el mundo no suizo; y voy más allá: incluso a la mayoría de suizos debe de traérsela al pairo.
Pero eso sí: cuando la población suiza decide en referéndum prohibir la construcción de minaretes en las mezquitas, una iniciativa de un partido nacionalista muy hediondo que pretende frenar la «islamización» del país (palabra textual), pues ahí sí que nos metemos, porque ya al margen del ideario, es un claro caso de reaccionarismo y paranoia fachosa.
La ministra de exteriores suiza Micheline Calmy-Rey se mostró preocupada por el resultado de esta votación, imprevisto por las encuestas, y el efecto que tendrá en nuestra visión de su país. Tiene usted razón en preocuparse, Micheline. De no haber sido por esto, Suiza podría haber llegado al día del juicio final sin que en esta web le dedicáramos ni un pensamiento. Y ahora, mire: marchando vídeo zafio y grosero.