Caso ‘Aitana’: La presunción de inocencia es taaan de siglo veinte...
La prensa acusa. El pueblo ejecuta. La justicia se pudre.
Ver el vídeo
Diego P. V., cuyo nombre artístico fue durante cuatro días «El maloso que mató a su hijastra» y de repente pasó a llamarse «Ah, no, era otro», ha declarado, por boca de su abogado, que pronto empezará a exigir compensaciones de todos los que alegremente «han volcado mierda» sobre su persona.
Este ciudadano tinerfeño ha pasado del anonimato a salir retratado en la portada del ABC con el titular «El rostro del asesino» (amarilleamos poco, ¿eh, señor Luca de Tena?) para luego ser objeto de sesudos reportajes sobre el destierro de la presunción de inocencia en la prensa, que ya lo había juzgado, condenado y estigmatizado antes de que un forense tuviera tiempo de decir «usted no ha sido, puede irse». Todo ello en cuatro días, amenizados por espontáneos que acudían a verle subir y bajar del coche patrulla para gritarle.
Muchos de estos medios ya se han retractado; por alguna razón, sin embargo, nos tememos que la reflexión durará poco. Tampoco esperamos grandes conclusiones de ese fantástico vídeo difundido por la Agencia Efe en el que se oye a un reportero alentando a una señora a insultar al detenido: «¡Dígale algo, dígale algo!»
Los espontáneos no se retractarán públicamente, pero merecen, cuando menos, un mensaje. Gente que acudís en masa a increpar a detenidos: ¿De verdad no tenéis nada mejor que hacer que volcar vuestra furia en un presunto criminal cuyos delitos, de existir, no os afectan? ¿Tanto os aburrís? ¿Tan vacía es vuestra vida? ¿Tan tristes sois como individuos, que tenéis que uniros en turba enfurecida para sumar juntos media personalidad? Impresionante.